HUMANISMO Y EDUCACIÓN
Cuando escuchamos al Dr.
Ramírez destacar los conceptos de JUSTICIA SOCIAL y HUMANISMO, como uno
de los principales objetivos del Partido Nacional, desde nuestra perspectiva de educadora nos viene a la mente una
frase de José Saramago en su novela “La Caverna”, que dice: “si el hombre es
formado por las circunstancias, entonces hay que formar las circunstancias
humanamente.”
Sabido es que cada persona interpreta o analiza lo que escucha a la luz de sus conocimientos y vivencias y,
en este caso, dada nuestra larga trayectoria en Enseñanza Secundaria, rápidamente
pensamos en la importancia de la Educación
como tarea humanizadora.
Al
respecto, algunos especialistas han retomado la idea de la Educación desde un
paradigma humanista, marcando una posición muy diferenciada frente al actual
desarrollo de la tecnología, que lleva a nuestras sociedades, a creer que la
humanidad ya no tiene posibilidades para superar los condicionamientos sociales
y biológicos. El descubrimiento del genoma humano, los avances científicos y
tecnológicos, la globalización financiera, económica y social, parecen ser las
claves del nuevo siglo para el progreso, pero, simultáneamente, en muchos países,
incluido el nuestro, crecen la pobreza y las migraciones, la gente deja el
lugar de origen que forma parte de su identidad, para buscar en otros
horizontes la prosperidad que se les niega y la posibilidad de una vida más
digna, pagando el alto precio del desarraigo.
Creemos imprescindible entonces, apelar al Humanismo en lo educativo, posición optimista que
sostiene la posibilidad de superar nuestras circunstancias determinantes, ya
sean de herencia genética, sociales o culturales.
Para lograrlo, debemos diseñar políticas innovadoras, que apunten
al sostén de la Democracia, evitando el desgaste moral que se produce entre los
ciudadanos ante las frecuentes
contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace, que termina poniendo en
riesgo la calidad y la sustentabilidad democrática.
La Educación puede humanizar las circunstancias en las que se están
formando las generaciones jóvenes; desempeña un papel central en el desarrollo
económico, social y personal; es uno de los factores más importantes en la
formación y en la consolidación de la Democracia y es también uno de los
recursos disponibles para luchar contra la miseria y el subdesarrollo.
La incorporación de conocimientos (desarrollo cognitivo) y la
formación integral de la personalidad, son dos grandes objetivos de este modelo,
que toma acción desde la equidad, la solidaridad y la tolerancia, que suponen
no el soportar al diferente desde la indiferencia, sino desde un respeto total,
apoyado en el reconocimiento recíproco.
Los Docentes uruguayos, somos profesionales capaces de generar e
implementar propuestas innovadoras coherentes
y ajustadas a la realidad que vivimos en nuestros Centros Educativos, y podemos
enfrentar el desafío formulado por Federico Mayor Zaragoza desde la UNESCO,
cuando nos habla de la “creación de un humanismo nuevo para el siglo XXI”, que
sólo será posible si tiene como base educar “en y para la Democracia”, formando
ciudadanos y ciudadanas capaces de internalizar, (hacer suyos) los valores de
paz, convivencia, derechos humanos, participación, en suma, una ética
profundamente democrática.