Está
de moda hablar del gobierno.
De
sus contradicciones, de sus idas y venidas, de sus marchas y contramarchas, de
sus diferencias internas. Como quieran llamarle, pero sin duda es tema de conversación en todo tipo de
reuniones y encuentros.
Es
que, cuando se están cumpliendo 15 meses de su instalación, los méritos del
oficialismo han sido suficientes como para que se dé este extremo de
incertidumbre y descrédito.
Que sí que no.
La
falta de seguridad respecto a cual es el rumbo que se pretende seguir se ha
manifestado cotidianamente y en todo tipo de temas.
Si
bien la lista parecería ser interminable, estos son algunos de los capítulos de
este culebrón:
Que
sí, que no, con la suspensión de obras de las plantas de celulosa.
Que
sí, que no, con un tratado de libre comercio con Estados Unidos.
Que
sí, que no, con el MERCOSUR.
Que
sí, que no, con el gas oil productivo.
Que
sí, que no, con la reforma de la salud.
Que
sí, que no, con la despenalización del aborto.
Que
sí, que no, con la refinanciación para los deudores agropecuarios.
No
resulta necesario comentar los perjuicios que a la vida de un país le
genera tanta inseguridad y precariedad.
¿Que más se podía esperar?
Desde
nuestro punto de vista, no mucho más.
Las
dramáticas diferencias programáticas y hasta filosóficas que exhiben los
distintos sectores del Frente Amplio, no son novedosas.
Para
los que no los votamos, ya sea desde nuestras posiciones como actores
políticos, o la de simples ciudadanos, resulta ser la confirmación de nuestras
expectativas, respecto de la incapacidad para gobernar a la que se iba a
enfrentar un conglomerado político que como único punto de coincidencia entre
los distintos grupos que lo conforman, tenía el dudoso crédito de haberse
opuesto y criticado todo lo que estuviese a su alcance.
En
la jerga ciudadana: era de cajón.
Pero
quizás lo peor, aun no llegó.
No
es por ser pesimista, pero en la medida en que el tiempo pase y se vayan
desgastando aun más las relaciones internas, y peligrosamente empiece a picar
la comezón electoral, desde el gobierno
van a ocuparse de seguir confirmando su absoluta falta de identidad como fuerza
de gobierno.
Algunos
se irán a la mismísima…, como ellos mismos se ocupan de decir.
Se
fracturará el frente interno, y pasaremos a un escenario aun más incierto para
los que los votaron y los que no lo hicimos, pero esas son las reglas del juego
en la democracia.
A
veces los pueblos se equivocan. Lo
bueno es que aprendan la lección, para no repetir el error.