¡¡¡ VIVA LA CULTURA!!!
Montevideano Sánchez se disponía a hacer frente a la lluviosa tarde de domingo viendo alguna película en el Centro Cultural Latinoamericano. Cada vez que ingresaba al edificio, su humanidad se impregnaba de incredulidad al recordar las ominosas épocas en que allí mismo y ante las narices de los ingenuos uruguayos, funcionó durante años el antro de capitalismo llamado “Montevideo Shopping Center” (con solo evocar el idioma prohibido su piel se erizaba de rechazo). Por suerte, pensaba Montevideano, las cosas cambiaron luego de la “Revolución Cultural” impulsada por quien hoy es considerado un prohombre de la República y en su momento prolífico arquitecto, Don Mariano Arana. El lugar se transformó en una exposición permanente de las manifestaciones más valiosas de la cultura latinoamericana en donde se vivieron verdaderos hitos como la exposición de trajes utilizados por Cacho de la Cruz en el “Show del Mediodía” y la proyección íntegra de todos los programas de “El sello de hoy”. Actualmente, las sensaciones del Centro son la firma de autógrafos de los integrantes que todavía viven del recordado grupo Katunga y el ciclo de recitales de Tormenta que, a los 86 años, atraviesa su mejor momento.
En
el sector cinematográfico del Centro Cultural las opciones resultaban
absolutamente tentadoras. Montevideano se sentó en una de las mesas del bar de
los cines y, mientras disfrutaba de un combo 1 (compuesto de un choto con
galleta de campaña), evaluó cuál iba a ser la película elegida. En la sala
“Fidel Castro” se proyectaba el film “Bandana VIII: Por fin aprendimos a
cantar!!!”, y allí había promesa de alegría y canto para nuestro personaje. En
la sala “Che Guevara” se exhibía el drama “Don Francisco: una vida ejemplar”.
Y, por último, en la sala “Gonzalo Carámbula” la película a proyectarse era una
producción nacional de 487 minutos titulada “El Dirigible II: Cómo entender “El
Dirigible I”. La elección resultó difícil pero Montevideano optó por esta
última, más que nada por su origen autóctono y porque le habían comentado que,
para ser uruguaya, estaba bastante bien.
Mientras las luces del recinto cinematográfico se apagaban y comenzaba
ese mágico momento en donde la realidad parece distante y los problemas
cotidianos se sumergen en la
somnolencia de la ficción, Montevideano agradeció por no tener que
soportar más el último “bodrio” de Coppola, Scorsese o Woody Allen.
Alfredo Susena