SI A LA MUJER EN POLITICA
Los derechos y obligaciones de las mujeres han
experimentado, felizmente, una permanente expansión a lo largo de los últimos
cien años a nivel mundial y nacional.
Vemos así como la mujer se incorpora al mundo laboral,
participa en actividades técnicas profesionales, gerenciales y civiles. Actúa
en política, vota, y, no sin fuertes resistencias que debió ir venciendo, es
reconocida por la sociedad como protagonista de su destino.
Sin embargo, el proceso aún esta en marcha y el camino a
recorrer todavía es largo.
Lamentablemente se experimenta en el mundo laboral una
injusta discriminación hacia la mujer, la que resulta estadísticamente
postergada a posiciones de menor jerarquía y a remuneraciones de menor cuantía
que aquellas a las que acceden los hombres.
En la actividad política, lamentablemente los indicadores no
son mejores.
Con una participación de poco más del once por ciento de los
cargos representativos, la injusticia es aún mayor que en otros sectores de
actividad.
Ante esta situación entendemos que se debe actuar en forma
positiva y eficaz, procurando eliminar todos los elementos discriminatorios que
antepongan una condición de inferioridad en las oportunidades que se otorguen a
una persona, por fuera del sexo al que pertenezca.
Siempre hemos defendido la necesidad de actuar para
habilitar la participación de las mujeres en política sin establecer mecanismos
artificiales que en definitiva no solo no resuelven el problema sino, muy por
el contrario pueden contribuir a desvirtuar la representatividad por la que
desde una y otra posición, no tengo dudas, todos pretendemos actuar.
El establecer un porcentaje de participación obligatorio en
las listas de candidatos especialmente atenta contra la justa y natural
competencia que debe ser habilitada para que en una sociedad moderna se exprese
a través de la delegación política.
Actuando de esta forma, pueden surgir dos síntomas que en
definitiva agravarían la situación que se pretende corregir.
Por un lado la competencia “desleal” que se puede dar entre
aquellas postulantes que quieran
acceder a una posición política, con prescindencia de su capacidad y
dedicación, por el solo hecho de ser del sexo femenino.
Por otro lado, en muchos de los países en los que como en la
región se han establecido cuotas obligatorias para la integración de los
cuadros de dirigencia partidaria, el surgimiento de esposas y familiares de
figuras políticas como candidatas “accesorias” lejos de dignificar la
representación femenina, la desprestigian.
En Argentina y Brasil donde funcionan sistemas de este tipo,
resulta evidente que las cónyuges de los líderes partidarios, generalmente
resultan ser mujeres políticas en una no extraña coincidencia que
entendemos poco natural.
La mujer en política debe procurar acceder a posiciones de
poder sin exclusiones ni discriminaciones ni bajo el amparo de mecanismos
artificiales, valiéndose de su inteligencia, capacidad y contracción al
trabajo.
Por estas razones es que encontramos inconveniente el
legislar al respecto como se esta considerando hoy hacerlo en el Parlamento,
sin perjuicio de que además de estas razones de fondo, existe una notoria
limitante constitucional para que el
asunto pueda ser resuelto a través de un instrumento legal como el que está a
estudio.
La mujer uruguaya necesita no ser discriminada para poder
ocupar los
lugares que le corresponde y esta dispuesta a asumir.
Ante esa causa todos debemos actuar, con hechos concretos,
habilitando, como hemos procurado siempre desde Desafío Nacional la
participación plena e irrestricta para todos los cargos y posiciones en todas
las listas de todas aquellas mujeres que quieran ocupar las posiciones por las
que estén dispuestas a trabajar. Sin muletas. En plena igualdad.
Alvaro
Alonso