Relaciones peligrosas

 

Con la asunción del nuevo Poder Ejecutivo, los uruguayos vimos las muestras de apoyo y solidaridad a las nuevas autoridades, brindadas desde muchos gobiernos.

 

En particular fueron de destaque las de Argentina, Brasil, Venezuela y Cuba, en las que además de las felicitaciones de estilo, se sumaron afectuosas

declaraciones de afinidades políticas en medio de abrazos, sonrisas y brindis.

 

Hasta aquí el tema no solo es correcto, sino que también es bueno que quienes se sienten consustanciados con determinadas creencias lo demuestren, pero no solo con gestos protocolares sino con medidas reales y concretas cosa que hasta la fecha no fue así.

 

El punto es que las relaciones del Uruguay con los cuatro países nombrados en muchos casos no han sido más que eso: gestos protocolares, en otros hechos de dudosa conveniencia para los intereses nacionales y muchas veces dentro de un nebulosos ó desconocido marco legal.

 

Con nuestros “hermanos argentinos”, más allá de promocionados encuentros entre Kirchner y Vázquez, las cosas van mal. El tema de las bicicletas sigue trancado con perjuicio para los uruguayos y sus fuentes de trabajo. En varias  provincias argentinas, las exoneraciones fiscales generan una distorsión en las reglas de juego regionales para el establecimiento de las inversiones en detrimento del Uruguay.

 

Las plantas de celulosa parece ser el tema predilecto de las elecciones legislativas en la Argentina, a costillas de nosotros y esto sin entrar en consideraciones de las otras plantas que ya tiene instaladas la Argentina y de sí son contaminantes ó no, etc, etc, etc.

 

Pero lo más preocupante de todo son las expresiones del Canciller Gargano que afirma que el presidente Kirchner tiene cosas más importantes que interesarse por el tema de las papeleras y la denuncia formulada por su gobierno al F.M.I. para trancar las inversiones y aún peor, cuando concurrió una delegación de senadores argentinos a dialogar con sus pares uruguayos, la bancada frenteamplista ante el vapuleo que estaban recibiendo por parte de los senadores de la oposición, salieron a defender a los argentinos. Ambas actitudes son de no creer, por no decir impropias de cualquier ciudadano que se precie de tal.

 

Con el Presidente “Lula” Da Silva las cosas transcurren por canales similares y por otros no tan parecidos. Los arroceros riograndenses bloquearon el ingreso del arroz uruguayo con piquetes carreteros, frente a la pasividad del gobierno norteño y el Ministro Mujica, responsable de la cartera, no tuvo mejor solución que sugerir que se hicieran los transportes por barco, en vez de activar con el Ministro Gargano los resortes diplomáticos tendientes a solicitar la colaboración del “gobierno amigo” de Lula. Candiota, la planta contaminante sigue sus operaciones como si nada y aquellos que desde la oposición se rasgaban las vestiduras hoy guardan un silencio cómplice con el “gobierno amigo” de Lula.

 

La pesca ilegal en aguas jurisdiccionales uruguayas, otro tanto.

 

Pero la zancadilla más interesante fue la que no puso el “gobierno amigo” en la Organización Mundial de Comercio, saboteando la casi segura elección del Economista Pérez Del Castillo, candidato uruguayo, que resultó sustituido por un brasilero y lo que es peor, el representante uruguayo terminó votándolo. Un capítulo aparte merece el tema de la corrupción del “gobierno amigo”, con el cual parecía que unía a nuestro Poder  Ejecutivo un sin número de afinidades y coincidencias, hoy sin embargo nada se dice por los frenteamplistas del tema, ni en un sentido ni en otro.

 

El tema de Cuba, tan caro al Canciller Gargano, no merece muchos comentarios por que está tan discutido y es tan claro lo indefendible del régimen cubano que cae por su propio peso; pero no podemos dejar pasar que cuando se designó por el gobierno frenteamplista al embajador ante Cuba, el régimen de Castro lo vetó y complacientemente nuestro Poder Ejecutivo cambió su candidato. Sin comentarios.

 

Por último tenemos a Venezuela y su controvertido Presidente, con cuyo gobierno los uruguayos suscribimos acuerdos de comercio que ni la opinión pública, ni los actores políticos de la oposición, saben muy bien de que se trata y sus alcances por no haber sido convenientemente informados, ni que hablar de la ausencia de la tan reiterada “participación” frenteamplista, parece que desde las alturas del Edificio Libertad todo eso desapareció ó en realidad nunca había existido más que en el discurso.

 

ANCAP también tiene entre manos otra misteriosa asociación con PDVSA (Petróleos de Venezuela), a pesar del veredicto popular sobre no asociar al ente de los combustibles (el agua siguió igual destino, a no olvidarse), que parece conlleva un cambio en la refinería de La Teja para poder refinar los crudos “bolivarianos”, que son pesados y súper pesados, lo que tampoco se sabe es quien pone el dinero para la reforma, ellos o los uruguayos, tampoco se sabe nada de un llamado a interesados ó licitación para esta asociación de petroleras. PLUNA, anda coqueteando en similares términos de incertidumbre con la aerolínea de bandera venezolana.

 

Pero la frutilla de la torta es que desde el Poder Ejecutivo se mandan señales internacionales de solidaridad con las actitudes intempestivas de Chávez hacia los EE. UU., que hoy es nuestro principal comprador de carnes y a un precio inigualable por otros mercados. Es decir, por afinidades políticas que no reportan beneficio al País, el gobierno frenteamplista hipoteca las relaciones con uno de nuestros principales mercados. Lo más cómico de todo es que cuando el Presidente Chávez estuvo de visita relámpago en Uruguay dijo muy suelto de cuerpo que Venezuela tiene un acuerdo de inversiones con EE. UU. y que Uruguay debería firmarlo, ¿Quién los entiende, a Chávez y también a sus auspiciantes vernáculos?

 

Henry Kissinger decía que en relaciones internacionales no existen los amigos, existen los intereses; este gobierno frenteamplista parece que desconoce esta máxima de la diplomacia que está en la tapa del libro, lástima que esa ignorancia la estemos pagando en gran medida los uruguayos con nuestras fuentes de trabajo. En fin, sigamos festejando

 

Agustín Cobas