Durante
más de treinta años el Frente Amplio nos acusó a Blancos y Colorados de ser
vende patrias y serviles al imperialismo yanqui por haber votado la participación de efectivos uruguayos en las
maniobras navales “Unitas”.
Lo
mismo repitió cada vez que se enviaron tropas en misiones de paz en el marco de
las actuaciones de las Naciones Unidas.
Es
más, se sostuvo, por parte de los más representativos integrantes de la
coalición de izquierda que en realidad
las Naciones Unidas en sí mismas estaban al servicio de los Estados Unidos de
Norte América y de sus más oscuros
intereses.
Resulta
interesante leer las versiones taquigráficas de la consideración de estos
asuntos en el Parlamento para descubrir la más sofisticadas teorías en materia
de contubernios en los que, según ellos, estaban involucrados el Imperio del
Capitalismo del Norte, las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional,
la propia C.I.A. y , desde esta parte del continente, todos los que no fuesen
frenteamplistas.
Ahora
resulta, que para tratar de explicar lo que no tiene explicación desarrollan la
teoría de que es necesario mandar más tropas orientales a Haití para ejercer
una acción anti imperialista.
Ripley
podría editar un nuevo tomo de sus conocidos libros de extrañases, solo con una
reseña de los primeros, nueve meses de ¿gobierno? de esta gente.
Lo
más alarmante de todo esto es que se trasunta una total ausencia de definición
en materia de política de defensa nacional cuando se sostiene una cosa para
hacer otra.
Sin
embargo el hecho de que no exista un rumbo claro en este tema no es más que
otra perla en un largo collar donde especialmente reluce la errática y confusa
política de relaciones exteriores.
En
este marco se nos critica por criticar a los que cambian de opinión cuando
estos resuelven venir a la nuestra.
Es
que resulta muy fuerte la violación a la palabra empeñada de los que
prometieron cualquier cosa con tal de llegar al poder y hoy su desfiguración es
tan clara que pone en riesgo la confianza en el sistema en sí mismo.
Vamos
a seguir marcando el doble discurso cada vez que se presente, y por lo que
parece, vamos a tener mucho trabajo.
Es
que tantas veces escuchamos decir
“póngale la firma”, que resulta ineludible la cita a que en realidad a lo que
estamos asistiendo es a un “cambio de firma”.