Nadie,
a esta altura, discute la necesidad de llevar adelante una reforma del sistema
tributario de nuestro País.
Es
más, existe una amplia base de consenso en que se debe simplificar el modelo
actual y procurando establecer una arquitectura impositiva que se oriente a
contemplar la capacidad contributiva de los ciudadanos, para construir un
esquema más equitativo y justo.
Inclusive
es compartible el postulado que el
Poder Ejecutivo esgrime al presentar su propuesta, en el sentido de que
resultaría conveniente el poder desarrollar fórmulas que estimulen la inversión
productiva y el empleo.
El
problema está, en que del dicho al hecho, acá aparece un gran trecho, que obedece entre otras cosas, a una suerte de
irrefrenable vocación por la contradicción del gobierno nacional.
Una estructura repetida
Desde el
análisis de la composición de la estructura impositiva se repite casi
idénticamente la misma participación de los impuestos directos e indirectos en
cuanto a su incidencia en el total de la recaudación.
Impuestos % actual %proyectado
Directos 27,7 31,4
Indirectos 72,3 68,6
Total 100 100
Resulta
decepcionante verificar que la oportunidad no es aprovechada más que para
llevar adelante una simbólica rebaja de la tasa básica del I.V.A., con lo que
seguiremos siendo los campeones del mundo en esta materia.
La
incitación a la defraudación que provocan los sistemas asfixiantes con altas
tasas al valor agregado se comprueba día a día en el decepcionante nivel de
informalismo que se da a lo largo y ancho de todos los sectores de actividad,
no siendo suficiente el ímpetu de la policía tributaria para poder revertir una
situación que se presenta desleal e injusta para aquellos que operan de acuerdo
a lo que la ley manda.
Para
poder avanzar en el combate del informalismo es imprescindible proceder a
rebajar la tasa del impuesto al valor agregado, como para que resulte
verdaderamente atractivo incorporarse a la legalidad a aquellos que trabajan,
producen y comercian en negro.
Un nuevo impuesto a los ingresos
La
falacia más evidente del proyecto, es la de pretender hacer parecer al
propuesto IRPF como un impuesto a las rentas, cuando prácticamente no se
admiten ningún tipo de deducciones, las que hubiesen podido contemplar, a nivel
familiar, las distintas capacidades contributivas, como para que en verdad,
pague más quien más disponibilidad tenga para hacerlo.
En
esta materia, es de recibo el argumento que se maneja respecto a que los más
sumergidos gozarán del beneficio de una rebaja en su presión fiscal por la vía
de los impuestos directos (Impuesto a los sueldos versus impuesto a la renta
personal); aunque no está del todo clara su ventaja por su aporte por la vía de la imposición
indirecta (IVA), ya que al ampliarse la base de la tasa mínima, aumentarán los precios de acceso a bienes y servicios a los que accede ese
sector de la población.
Incentivo a la producción: ¿Dónde está?
De
todas las observaciones que se le pueden formular al proyecto de reforma el
mayor crédito se lo lleva sin dudas la
falta de consistencia que tiene el argumento de que la misma alienta a la
inversión productiva.
Los
sectores más beneficiados por la iniciativa son los servicios y en especial el
comercio, por el efecto de las rebajas de la tasa de aportación patronal al BPS
y de la alícuota del impuesto a las rentas empresariales.
Gana
el sector servicios. Bien.
Pierde
la industria con la reimplantación del aporte patronal. Mal.
Pierde
el sector agropecuario por la misma causa y por la eliminación de la opción
para elegir el tipo de tributación del sector. Mal.
A
la luz de esta realidad. ¿En qué quedamos con el incentivo a la actividad
productiva?
En
ambos casos, las gremiales patronales (Cámara de Industrias, Asociación Rural y
Federación Rural) denuncian un aumento de la presión tributaria, que es
defendida por el gobierno en aras de la equidad intersectorial.
El mercado inmobiliario
El
juego de las distintas cargas adicionales que el proyecto establece, léase
I.V.A. a la primera venta, impuesto a los alquileres (vía impuesto a la renta),
supone una compresión a la suba de los precios de venta de los inmuebles. Esto,
en un mercado reducido como el nuestro, alienta a la retracción de la demanda
de los mismos, lo que supone, menos negocios y, menor margen y menor
rentabilidad.
Quizás
también se castigue a un sector productivo como el de la construcción,
siguiendo la misma línea de contradicción pura que encierra la propuesta.
Conclusiones
Estamos
ante un proyecto de reforma tributaria que peca por mantener básicamente la
misma estructura tributaria que dice querer modificar, manteniendo el mismo
esquema actual en el que predominan los impuestos indirectos y a los ingresos.
La
fórmula se queda en el enunciado de pretender incentivar las actividades
productivas a las que en realidad les impone mas presión fiscal.
En
algunos sectores como el inmobiliario, va a introducir distorsiones a los
actuales equilibrios de los mercados, impulsando a la suba de los valores por
una mayor carga tributaria.
Fe de erratas
Si
bien el panorama se presenta como poco alentador, todo lo antedicho puede ser
objeto de modificaciones en el marco de la negociación que dentro del gobierno
se viene procesando sobre el contenido y alcance de la reforma.
Lo
peligroso es que las novedades que puedan venir, hagan más oscuro esta
propuesta gris, contradictoria y decepcionante del gobierno.
Alvaro Alonso
Nota: este artículo del Dip.Alonso fue
previamente publicado en la revista de la Asociación de Promotores Privados de
la Construcción del Uruguay.