No resulta novedad afirmar que el país atraviesa una situación de crisis de la cual algunos afirman que comienzan a perfilarse señales auspiciosas, mientras otros irradian una visión cada vez más apocalíptica.
Pero lo que no resulta ocioso es destacar
que en medio de la tormenta han aparecido
muchas formas y lenguajes que en vez de contribuir a esclarecer la visión
práctica que el ciudadano necesita, no hacen otra cosa que generar más
confusión, más desconfianza y, lo que es peor, una actitud escéptica y
desinteresada del fenómeno político.
Consecuentemente, la gente comienza a
distanciarse de un sistema político que no siente como propio, ni del cual se
siente parte activa, entre otras cosas porque no puede percibir como incidir en
el mismo. Además, desde su actual situación, ¿puede tener disposición anímica
como para formar parte de actos o manifestaciones multitudinarias?
Por lo que estamos viendo, diríamos que
no, y que por otra parte el país no necesita violencia ni puños crispados, más
producto de estados emocionales que de posiciones sensatas y bien informadas.
¿Alguien se animaría hoy a decir cuántos
ciudadanos no votarían si las elecciones no fueran obligatorias?
¿Alguien se animaría a conceptualizar la motivación profunda
del voto?
Paralelamente surge una suerte de nueva
semántica, desde la cual economistas, sociólogos, politólogos, trabajadores
sociales, consultoras de riesgo, expertos en cuestiones de género, sexólogos y
encuestadoras van construyendo una semiótica que divorcia cada vez más a la
ciudadanía de los temas que la afligen en la cotidianidad, bajan sus naturales
defensas y terminan enfermándola.
No puede de forma alguna caricaturizarse
el rol de los técnicos y menos en este mundo real de las comunicaciones y el
conocimiento.
Pero previamente, debe todo el sistema
político sincerarse, obrar con autenticidad y tener clara conciencia de que
antes que el país y el bienestar de su gente, no hay nada. Si así no fuera, son
demasiados los riesgos y muy cortos los tiempos.
Vale la pena transcribir un párrafo de
José Luis Dell´Ordine, sociólogo argentino, quien afirma: .....” es necesario, pues, señalar
diferencias entre el poder de los grupos y el poder de los gobernantes legales.
Los gobernantes legales son elegidos a través de procedimientos públicos y
conocidos, repetidos periódicamente. El poder les es atribuido en cuanto que
son parte de Instituciones que, por su propia naturaleza, tienen una existencia
independiente de las personas que las integran. Esto también puede afirmarse en
los grupos sociales organizados, y no sólo de los gobernantes legales, pero la
organización en la cual ejercen el poder es el Estado, la única que abarca a
toda la colectividad y que ostenta el poder político en su nombre”.
El párrafo, en los tiempos que corren
demanda, a nuestro juicio, reflexiones muy severas y los partidos políticos
tienen responsabilidades muy claras.
Cuanto más claro sea el sentido de
responsabilidad, más claro será el mensaje a la gente.
Hoy,
el Partido Nacional, por su origen, por sus tradiciones históricas, pero fundamentalmente
por la misma razón de ser de su propia existencia, tiene una ineludible tarea:
la sensatez como demanda de la hora. Es el país quien se lo reclama a todo el
partido.
Prof. Julio Gabriel Elías