Recientemente el Foro Batllista celebró los cincuenta años de actividad política de su líder indiscutido el Dr. Julio Maria Sanguinetti.
Para los uruguayos este tipo de conmemoraciones forman parte de lo
natural, de quien por imperio de su vocación alcanza semejante militancia.
El caso de Sanguinetti se suma a los de otros destacados políticos de
todos los sectores y partidos que de vez en cuando son merecedores de un
homenaje similar que resume sus trayectorias testigos de procesos mundiales y
nacionales que van desde la post guerra, guerra fría, sustitución de
importaciones, congelamientos de precios pasando por la dictadura o la apertura
democrática hasta los mercosurianos días de hoy.
En todos los casos siguen siendo atractivos para gran parte de nuestros
compatriotas que al dar su apoyo permite un fenómeno muy caracteristico de
nuestra idiosincrasia como lo es la inamovilidad y el perpetuamiento de las
elites políticas nacionales.
El análisis general de este fenómeno es lineal y común a todos los
partidos, donde la renovación de la máxima dirigencia sigue siendo una materia
pendiente para las nuevas generaciones que observan la constante repetición de
los aspirantes a dirigir sus destinos y por consiguiente la no necesaria
identificación con los mismos.
A meses de las próximas elecciones vemos como este proceso puede
profundizarse al punto de mas allá de sus preferencias personales, en todas las
encuestas surge una abrumadora mayoría que piensa que la carrera electoral se
define entre los mismos candidatos de hace quince años.
En democracia lo único que vale es la suma de los votos, cuanto más
apoyado sea uno a mas representación puede acceder evidenciando y legitimando
todas las virtudes, todos los errores y todas lo personalismos que dirigentes
de tan dilatada trayectoria puedan ofrecer, trasladando entonces la
responsabilidad de esta poca movilidad a cada uno de los uruguayos.
El resto del mundo actúa en forma diferente, es impensable que se
repitan candidaturas, los partidos están obligados para su supervivencia a presentar caras nuevas.
Veamos lo acontecido recientemente en España con el Partido Popular o las
elecciones en Estados Unidos o la experiencia cercana de América Latina, para
darnos cuenta que inclusive en regímenes que permiten la reelección la
renovación es mucho más profunda que la nuestra.
No hay duda que debemos renovar a la clase dirigente, en el sector
privado el mote de jovencito a los cuarenta años va dejando paso a centenares
de mandos medios que al conocer los códigos de inmediatez, globalización,
pragmatismo, solidaridad y visión de futuro asumen su natural condición de ser
abanderados de sus empresas en este Uruguay de post crisis.
Por el contrario nuestro sistema político no pondera en la misma forma
estos valores, los que sumando al preocupante descreimiento hacia el mismo explica
a nuestro entender la poca participación de las nuevas generaciones en
políticas y por ende la poca fuerza que las mismas puedan ejercer para provocar
una renovación en serio.
Este circulo vicioso de descreimiento y poca valorización impide que se destierre
la retórica ideológica que permanentemente nos enfrenta y nos ocupa el día a
día, en un andar como el del cangrejo, un paso para adelante y dos para atrás,
dándole la espalda no solo al mundo sino a las injusticias que el mismo trae.
Estamos a tiempo de cambiar, nuestro país necesita hoy mas ideas
posibles y lógicas que discusiones bizantinas, más hacer que decir, conjugar
más los verbos en primera persona que en segunda y para lo cual la decisión del
2004 será determinante.
Imaginemos por un instante que sería del futuro de los orientales si en
todo el espectro político partidario se trasformara y ofreciera candidatos
distintos.
Si coincide conmigo en que el ambiente sería más franco, más oxigenado y
menos personalizado ayude en su partido a conseguirlo.
Al fin y al cabo el voto lo pone a Ud. como protagonista de un verdadero cambio.
Sebastián Da Silva