Gas oil barato
Por
enésima vez, el tema del gas oil y su precio está nuevamente en la opinión
pública.
Los
diversos actores institucionales: transportistas de carga y pasajeros,
industria y productores rurales por un lado y el Gobierno por el otro, manejan
sus posturas, los primeros de reclamos y los últimos de eternos estudios y
posibles medidas que alarman a muchos y conformarían a pocos.
Los
eternos ausentes son los ciudadanos comunes, aquellos que haciendo un esfuerzo
juntaron un capital y compraron un vehículo gasolero para optimizar su
actividad, dado que desde los gobiernos de turno se les exigía aumentar la
eficiencia.
Es
un argumento falaz que quien tiene un auto a gas oil lo use para pasear, nadie
invierte ese dinero exclusivamente para pasear, salvo escasas excepciones en el
entorno de los Mercedes o los BMW. La mayoría de los uruguayos que andan en
vehículos gasoleros lo hacen en utilitarios ó en autos de mediano porte, es
decir ciudadanos de clase media que indudablemente dedican la inmensa mayoría
de su tiempo en procurar el sustento de sus familias y el vehículo es su
instrumento de trabajo y eventualmente y con mucho sacrificio, pueden realizar
algún paseo.
Pero
todo esto parece no formar parte de los razonamientos corporativos, solo el simple
argumento de gas oil barato para las empresas vinculadas en el colectivo
nacional como consumidoras de gas oil, es el que parece ser válido.
Las
medidas propuestas pasan por distintas posturas, todas ellas trasnochadas en
mayor ó menor medida, devolución de impuesto que sin lugar a dudas dejarían en
sus hipotéticos mecanismos un universo muy amplio de uruguayos desprotegidos;
otros pasan por exoneraciones tributarias con la misma contraindicación que el
anterior y tampoco se descarta entre otros el anticonstitucional y ya frustrado
impuesto a los gasoleros.
El
punto es que toda esa batería de medidas generaría contentos y descontentos,
incluidos y excluidos, medidas justas e injustas, en definitiva en lugar de
solucionar un problema generaría otros.
El
tema pasa no por parches temporales que respondan a presiones puntuales o a
coyunturas, sino por una toma de decisión estructural: prohibir la importación
de autos gas oil y solo permitir utilitarios, maquinaria y bienes de
producción.
Los
liberales dirán que es una intromisión en las leyes de mercado, los mal
llamados progresistas dirán que el País Productivo no puede esperar (aunque
hasta ahora no hallan hecho nada por él salvo bajar el dólar), las
corporaciones dirán que su situación es insostenible y seguramente seguirá el
rosario.
Con
esta limitación de los motores a gas oil en automóviles a la larga el parque
vehicular se irá ajustando solo y el gas oil pasará a ser un combustible
industrial y productivo sin ningún tipo de desvío encubierto en su uso y sin
medidas arbitrarias, en forma gradual y sin traumatismos económicos.
Seguramente
no será rápido y se levantarían voces interesadas en su contra, pero será una
solución definitiva que conformará a la larga a Tirios y Troyanos y no cometerá
injusticias ni desigualdades entre los uruguayos.
La
responsabilidad es hoy del Poder Ejecutivo y si es verdad que están por el
cambio no dudarán en tomar las decisiones de fondo, lo que está por verse es si
realmente están por el cambio real ó el gatopardismo, de cambiar algo para
dejar todo como está.