CUIDADO CON LA REFORMA TRIBUTARIA

 

 

Empezó a ser tratada por el parlamento la propuesta de Reforma Tributaria presentada por el gobierno, con los  proclamados objetivos de procurar avanzar en equidad, eficiencia y estímulo a la inversión productiva.

 

De más está decir que compartimos los objetivos planteados, tanto como que también estamos de acuerdo en que es preferible ser rico y sano que pobre y enfermo.

 

De todas formas es bueno darle al oficialismo el crédito que le corresponde por lo oportuno que resulta su planteo: llegó el momento de hacer una reforma tributaria.

 

En líneas generales parece razonable la simplificación del sistema que resulta de la eliminación de impuestos de baja calidad, que recaudan poco y son difíciles de controlar, como también el enunciado de que pague más quien mayor capacidad contributiva tenga.

 

Eso es lo que se plantea .Pero allí es donde comenzamos a tener problemas.

 

En primer lugar, al  proponer la aplicación de un impuesto a los ingresos y no a las rentas, se pone en riesgo la mejora en materia de justicia tributaria .No necesariamente pagará más quien mayor capacidad tenga, sino quien  sencillamente tenga más ingresos .No es lo mismo, la diferencia es sustancial.

 

Para corregir esto, se deberían aceptar deducciones respecto de la composición del núcleo familiar, tomándolo en cuenta, para eliminar el emparejamiento hacia arriba de la presión tributaria de los hogares.

 

En segundo término, aparece como inaceptable que se pretenda gravar con un supuesto impuesto a las rentas a las jubilaciones y pensiones. No resiste el menor análisis.

 

Resulta a esta altura casi absurdo sostener como lo hace el gobierno, que los jubilados sean “de los que más tienen”.

 

En tercer lugar parece que el gobierno quiere hacer como que desmonta una estructura de impuesto al valor agregado injusto, por un esquema de impuesto a la renta, cuando en realidad los superpone.

 

La absurda rebaja propuesta de un punto del IVA, descalifica todo lo que se diga respecto del proyecto en este sentido. Si se dice que se propone bajar el IVA, que se reduzca la tasa básica en tres, cuatro, cinco o más puntos.

 

Esto así, es solo un saludo a la bandera.

 

Pero lo peor de todo es que detrás de la propuesta de la reforma aparece la sombra de un nuevo ajuste tributario, o fiscal, o como quieran llamarlo.

 

Más de una consultora especializada de plaza ha evaluado que el aumento de la recaudación superará, por la aplicación de la reforma, los trescientos millones de dólares.

 

Más impuestos, para más gastos. ¿Suena mal, no?

 

A cuenta de mayor cantidad, y sin haber ingresado a las afectaciones parciales que perjudicarían a distintos sectores como la vitivinicultura y otros, hemos adelantado una primera opinión que nos lleva a ser, al menos, cautelosos.

 

Cuidado con que esto no sea en realidad un aumento de presión tributaria.

Cuidado en que no se termine armando un modelo que sea más injusto que el que tenemos.

 

En definitiva: Cuidado con la reforma.

 

Alvaro Alonso