LA GRAN OFENSIVA BRASILEÑA

 

La pregunta del día: ¿logrará Brasil desplazar gradualmente a México de los foros diplomáticos latinoamericanos, para convertirse en el líder indiscutido de la región?

No se trata de una pregunta académica. Los esfuerzos de Brasil por crear un bloque diplomático sudamericano --que por definición excluye a México y Centroamérica-- van a tener un impacto directo sobre las negociaciones para el Área de Libre Comercio de las Américas, como así también sobre el debate en torno a las crisis de Venezuela, Colombia y Cuba.

En días recientes, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recibió un espaldarazo a sus planes de crear un bloque sudamericano, cuando el presidente electo de Argentina, Néstor Kirchner, aseguró que abandonará lo que describió como el anterior ''alineamiento automático'' de su país con Estados Unidos, y que su principal aliado será Brasil.

Hasta hace dos años, Brasil --a pesar de su tamaño y el peso de su economía-- era un país ensimismado, con poca proyección en la región. Sin embargo, a partir del año 2000, cuando el ex presidente Fernando Henrique Cardoso organizó la primera cumbre de países sudamericanos, Brasil adoptó un activismo cada vez mayor en asuntos regionales.

En un principio, los demás países vieron la cumbre sudamericana de Cardoso como un proyecto personal, que estaba destinado a morir tras la salida del ex presidente. Sin embargo, el nuevo gobierno de Lula ha retomado con entusiasmo la idea de un bloque sudamericano, en parte como estrategia para conducir conjuntamente desde una posición de mayor fuerza ante Washington las negociaciones de libre comercio.

Desde que asumió el poder el 1ro de enero, Lula ha prometido revitalizar la unión aduanera sudamericana MERCOSUR, integrada por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay; creó el ''grupo de países amigos'' para ayudar a solucionar la crisis de Venezuela; está preparando una nueva cumbre sudamericana para más tarde este año, y trató de organizar una reunión de emergencia de países sudamericanos para adoptar una postura común ante la Guerra de Irak.

Inclusive, los brasileños están redefiniendo el mapa político de la región, quizás para crear uno que se adapte mejor a sus ambiciones. Según algunos funcionarios brasileños, no hay tal cosa como ''América Latina'', sino que hay tres bloques --Sudamérica, Centroamérica y América del Norte-- muy diferentes, con intereses distintos.

''América Latina es un concepto que ha sido superado'', dijo el embajador brasileño en Washington, Rubens Barbosa, en una conferencia en Miami el 2 de mayo. Barbosa dijo que el término ''América Latina'' fue inventado por un sociólogo francés en el siglo XIX, cuando el emperador Maximiliano fue instalado en México y Francia soñaba con un rol preponderante en la región.

''Hoy en día, hay una nueva geografía que hace que el concepto de América Latina esté totalmente desfasado'', dijo Barbosa. La ''nueva geografía'' se hizo especialmente evidente tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Estados Unidos, Canadá y México. Los países de Sudamérica viven una realidad ''totalmente diferente'' a la de los países del norte, y tienen intereses distintos, señaló.

Sin embargo, funcionarios de otros países temen que los esfuerzos brasileños por institucionalizar las cumbres sudamericanas --y crear un bloque sudamericano-- inevitablemente debilitarán el Grupo de Río, el bloque de 19 países donde participan México y América Central, y que se reúne todos los años para coordinar posturas de política exterior a nivel latinoamericano.

El Grupo de Rió celebrará su XVII reunión cumbre en Cusco, Perú, el viernes y sábado, pero se estima que sólo asistirán 13 de los 19 presidentes.

''Los presidentes ya se quejan de que tienen demasiadas cumbres'', me señaló un canciller latinoamericano esta semana. ``Si se va a potenciar la cumbre sudamericana, se van a debilitar las cumbres del Grupo de Río''.

Los diplomáticos brasileños aseguran que no tienen intenciones de debilitar el Grupo de Río. Y Miguel Hakim, el encargado de asuntos latinoamericanos de la Cancillería mexicana, me dijo que su país no está alarmado por la posibilidad de que los dos grupos regionales dupliquen esfuerzos.

''El renovado esfuerzo por tratar de encontrar una integración entre los vecinos sudamericanos es perfectamente entendible, y es un paso en la dirección correcta'', dijo Hakim. ``Los dos liderazgos pueden coexistir y complementarse''.

¿Mi conclusión? En base a lo que escuché de diplomáticos de media docena de países de la región, soy bastante escéptico sobre las declaraciones oficiales de amor mutuo. México, América Central, Chile y Colombia no están saltando de alegría ante el posible debilitamiento del Grupo de Río, y su sustitución por un bloque sudamericano liderado por Brasil.

No creo que veamos ninguna declaración oficial que reconozca la disputa entre Brasil y México. Pero creo que será una pelea cada vez más dura por el liderazgo regional, y que Brasil --con un presidente que recién comienza su mandato y su nuevo aliado en la Argentina-- viene pisando fuerte.

Andrés Oppenheimer