SOLUCION PARA LOS DEUDORES

 

 

Asistimos en estos días al proceso de búsqueda de soluciones para un sector importante de la población que resultó afectada por la crisis económica que el Uruguay ha venido soportando en estos difíciles tiempos que nos tocan vivir. El reperfilamiento del endeudamiento de particulares con el sistema financiero como objetivo en sí mismo es justo, y forma parte de una batería de decisiones que la sociedad ha venido procesando para procurar acercarse a un  escenario de nuevos equilibrios que sirvan de marco para resolver definitivamente esta indeseable situación de depresión económica de la que, o salimos todos, o, no sale nadie.

 

Ante a este panorama no creemos que sea estéril reseñar que se vienen sorteando con éxito distintos obstáculos no menores, los que, cada uno a su tiempo han merecido la máxima atención de la opinión pública y los actores sociales, empresariales y políticos. El restablecimiento funcional de la plaza financiera, el reperfilamiento del endeudamiento público con particulares, la renegociación de la deuda externa, son varios de los frentes a los que se debió atender casi en simultáneo en un período muy corto e intenso, en el que jugó un rol muy importante la estatura cultural y cívica de los uruguayos.

 

Como toda solución parcial, es posible que en la generalización de las acciones adoptadas, no todos resulten idénticamente contemplados, tal como sucede, por ejemplo, cuando se establecen como en este caso parámetros subjetivos para delimitar el alcance de las medidas que se aplican.

 

Por el camino quedan materias pendientes que contemplen la situación crediticia de nuestras empresas medianas y grandes, las que, aún  contando con otro poder de negociación, deberían acceder también a mecanismos de reestructuración de sus pasivos que viabilicen su capacidad de repago, y por consiguiente, aseguren el funcionamiento del sistema de ahorro, inversión y crédito.

 

Aquellas unidades económicas no consideradas pequeñas, que son en general intensivas en la utilización de recursos humanos, aparecen por el momento, relegadas de este conjunto de  iniciativas. El resolver estas asimetrías entre las empresas en función de su dimensión, debería figurar en la agenda de trabajo para los próximos tiempos.

 

Para todo esto es necesario actuar con criterio práctico, pragmático y casuístico, reconociendo la diversidad de situaciones que se presentan en un universo que no siempre es generalizable.

La alternativa de vulnerar el marco jurídico, perforar los aún frágiles indicios de recuperación de confianza de una plaza muy volátil, votando leyes que pretendan quedar bien con todo el mundo sigue constituyendo una tentación de la que no todos están dispuestos a apartarse.

 

Resulta mucho más simpático acceder a una suspensión generalizada de ejecuciones embarcándose en un nuevo perdona tutti, que bien sabemos, terminamos pagando todos, que el enfrentar con ponderación el problema.

Paradójicamente serían los que menos tienen, a través de su contribución a rentas generales, los que estarían subsidiando otro tipo de salidas.

 

Con soluciones voluntaristas, generalizantes y populistas no vamos a resolver nuestros problemas.

 

Por esto, resulta alarmante la confirmación de la escasa visión  de conjunto que una vez más, el Frente Amplio demuestra tener ante las horas más difíciles.

Es peligroso reconocer que un partido político con la representatividad que le cabe a los comandados por Tabaré Vázquez, da prioridad una y otra vez, al discurso llanamente demagógico, lo que a todas luces aparece como una jugada de alto riesgo, amparado en la seguridad de que, de todas maneras, siempre serán otros los que saquen las castañas, con riesgo de quemarse las manos o, lo que parecería que para algunos aparece como lo más importante: ganar o perder votos.

 

De situaciones como las que se viven, salimos mirando un poco menos al escrutinio, y un poco más al País, siendo  honestos  desde nuestras responsabilidades políticas.

 

 

Alvaro Alonso