En ediciones anteriores hacíamos referencia al absurdo y falso antagonismo entre el ALCA y nuestro Acuerdo regional, y nos manifestábamos partidarios de una política exterior nacional absolutamente amplia, pragmática y sin exclusiones hacia ningún punto cardinal que nos coloque, a sabiendas de nuestras asimetrías, en el corazón de los mercados con mayor poder adquisitivo.
Por
tanto es que nos congratulamos con los nuevos bríos que se observan
particularmente por las Cancillerías de Lula y Kirchner para lograr un nuevo
impulso a nuestro Mercosur, procurando transformarlo en la palanca de salida a
nuestra crisis regional.
Prueba
de ello es la reciente celebración por parte de los exportadores brasileños de
los resultados del primer cuatrimestre de este año.
Las
ventas de Brasil hacia Argentina se recuperaron un 84 por ciento con respecto
al mismo período del 2002, alcanzando la friolera de 1.107 millones de dólares.
Si
realizamos una sencilla regla de tres, obtendríamos una proyección de las
exportaciones brasileñas hacia la vecina orilla a lo largo del año, de cerca de
3.500 millones de dólares, cifra que supera con creces el total de ventas
uruguayas al exterior en sus picos históricos de los años 97 y 98.
Estos
números no queremos que marquen la disparidad en nuestra capacidad de
producción con el gigante del Norte, algo que es evidente, sino por el
contrario que nos obligue a mirar detenidamente el intacto potencial del
Mercado Argentino a la hora de demandar productos de la región, y ver de que
forma estamos aprovechando como Nación estas tangibles oportunidades.
Si
analizamos detenidamente el tipo de productos demandados veremos algunos en los
cuales se torna imposible llegar a competir, tal es el caso de minerales de
hierro, automóviles, vehículos de carga o siderúrgicos, y otros en donde
Uruguay compite en perfectas condiciones con Brasil como la industria textil
donde en los primeros meses nuestros vecinos del Norte le vendieron 70 millones
de dólares aumentando un 200 % en comparación al pasado año.
Estos
números lejos de ser fríos nos obligan mirar la realidad con una óptica un poco
más favorable.
De
la inteligencia, la capacidad, y la construcción sincera de una estrategia de
país, dependerá sustancialmente el
grado de aprovechamiento de estas oportunidades.
Somos
de los que creemos que nuestro país todavía no asumió su potencial exportador,
que preferimos mirarnos el ombligo y no el amplísimo horizonte de posibilidades
que ofrece el exterior, maximizado en la actualidad por un tipo de cambio
netamente favorable.
Para
que esta inflexión mental se pueda lograr hace falta un liderazgo tan amplio
que abarque tanto al sistema político,
al empresarial como al conjunto de los sindicatos.
Si
no tenemos inteligencia de poder asumirlo, seremos responsables de la tragedia
de no devolverle la dignidad a nuestros compatriotas teniendo todos los
ejemplos y las oportunidades arriba de la mesa.