Basta

Si bien los científicos, suelen emplear la expresión efecto invernadero para referirse al efecto de recalentamiento de la atmósfera terrestre, en política, y especialmente para nuestro país se podría llamar efecto invernadero a una situación similar al letargo de meses de sueño que realizan los osos en el reino animal.

El problema es que con un letargo de cinco años, no será nada fácil después recuperar el tiempo perdido. En efecto, el “status quo” que congela al país en el tiempo, no solo, no lo hace avanzar y progresar, sino que directamente lo retrotrae con todo lo negativo que ello significa. El “cambio” promovido como slogan de campaña electoral terminó concretándose en un fenomenal “parate” que para nada contribuye a un cambio para mejorar sino para empeorar, parece haber sido para aislarnos y retroceder.

No es ni siquiera un Cambiemos (para que todo siga igual –salvo en materia macroecónómica-)

Uruguay queda así atrapado a mitad de camino. Ni país realmente desarrollado, ni tercermundista. Ni los beneficios de ser modernos, ni los de ser atrasados. Esta situación lleva a reclamar por un “basta de status quo”, y exigir o un paso adelante o incluso uno atrás, pero “a moverse por favor”.

 Estamos estancados en una fase de transición –en stand by- como una molécula en suspensión, no involucionamos pero tampoco evolucionamos; en estado de letargo o cataléptico.

 Parece que  los uruguayos solo piensan en lo que les falta y no valoran lo que tiene. Y este problema tiene arranque en el gobierno, que por su parte, se muestra siempre errático e improvisado, no saben que puente cruzar y cual evitar. Avanzar no es tener dividida a la sociedad frente a frente sino que toda mire en la misma dirección, solo así se alcanza un próspero porvenir.

 Lamentablemente, no se percibe más que voluntarismo, e improvisación, falta de capacidad y el agotamiento de las vanas promesas electorales, donde si bien se ha mantenido en lo esencial ciertas líneas de política macroeconómica, se denota que no hay una orientación del rumbo del país.

 Claramente se percibe un gobierno a la deriva, sin rumbo alguno, donde todas sus acciones son fruto de la improvisación, se gobierna sobre la marcha.  Dejando al descubierto, que no se fue sincero con la ciudadanía, ya que no existían planes de gobierno, ni proyecto de país, y que el único fin era hacerse del poder a como diere lugar, es decir, como un fin en si mismo.

 

Tal vez los años de sistemática oposición destructiva, sembrando resentimiento, pesimismo, y negativismo, los incapacitaron definitivamente para la tarea de construir que implica el gobernar.

 

El actual gobierno ha hecho gala además, de que no tiene las ideas del todo claras. Ahí está su permanente colección de declaraciones, contradicciones, vacilaciones en las más diversas materias; acciones e inacciones que se neutralizan entre sí; e inéditas improvisaciones cuyos resultados están a la vista. Durante años se predicó una cosa, ahora en el gobierno se dice otra y como si fuera poco, en los hechos incluso, terminan haciendo otra. No solo no encuentran el Norte, sino que lo que es peor parecen haber perdido la brújula.

 Tan solo algunas perlas, del extenso collar de infelices desaciertos ilustran estas circunstancias. que pasan por la incapacidad para el manejo de la crisis del Mercosur y el conflicto por las plantas de celulosa con la Argentina. Una cancillería virtual, a la deriva y en los hechos acéfala. 

Que frente a una sociedad jaqueada por el aumento de la delincuencia, se tuvo la desventurada idea -llevada a la práctica- de dejar en libertad a casi un millar de delincuentes que se encontraban tras las rejas. Que siendo la necesidad de trabajo, una de las principales preocupaciones de los conciudadanos, a más de 15 meses del nuevo gobierno la tasa de desocupación sigue prácticamente en los mismos guarismos.

Que las tan anunciadas inversiones extranjeras no arriban – y seguramente en las condiciones de desequilibrio laboral generadas y reflejadas en la máxima sindical “primero ocupo y después negociamos” difícilmente llegarán. Que en materia energética –y esto también lo valoran los eventuales inversionistas- un país serio, no puede depender de que llueva. Que el atraso cambiario, - que durante tantos años fue un caballito de batalla de la entonces oposición- hoy lo exhiben bajo el rótulo de inflación en dólares. Que se han visto recientes episodios de avasallamiento de la justicia y de desconocimiento del estado de derecho, que son por demás preocupantes.

Que en materia educativa, es muy difícil comprender como una nación se integrará más al mundo contemporáneo, reduciendo las horas de inglés y de informática a los estudiantes. Que mientras que la experiencia del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas, está en franco retroceso en el mundo, acá se aprestan a implantarlo, pero como un híbrido, ya que en lugar de gravar las rentas apunta a grabar los ingresos.

Que tras la fachada de una reforma impositiva realmente se encubre un feroz ajuste fiscal. Que en materia de menores infractores, ya la gente se ha acostumbrado a las habituales fugas y motines. Que parecería no preocupar el aumento de niños en situación de calle, pidiendo o haciendo malabares en las esquinas.

Que los sindicatos pasaron a ser parte del gobierno y se imponen como coparticipes del gobierno y del poder. Que el nepotismo ha incursionado como nueva práctica clientelística. Ministros enfrentados entre ellos, jugando a los amagues de renuncia. Y un presidente cada vez más ausente, y más custodiado -por una guardia pretoriana, como no se recuerda en la historia del país-.y como si fuera poco cuestionando a la prensa porque ésta informa entre otras cosas de las equivocaciones y errores del gobierno imputándole la vieja y trillada teoría de la “conspiración”. A todo ello se le suman también, hechos tales como, el inconcebible capricho de mantener a  toda costa, a ministros que han fracasado estrepitosamente en su gestión. Nunca se vio semejante irresponsabilidad. En suma: la ciudadanía jamás pudo imaginar verse defraudada de tal forma.

 

Y como si este panorama no fuera suficiente, se comprueba además que por razones estructurales, sociales y culturales, Uruguay es un país con pocos incentivos para emprender nuevos proyectos. Una de las principales trabas para el espíritu emprendedor está en el carácter “estatista” de la sociedad uruguaya. Eso implica que la gente espera que el Estado le solucione los problemas antes de hacerlo por ellos mismos.

 En este contexto, Uruguay no es una nación favorable para el desarrollo emprendedor. Uruguay es el país latinoamericano donde mayor valor se le asignó a la sociedad estatista, según delata el estudio “Empresarialidad y el contexto emprendedor en Uruguay”, elaborado para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por el experto Hugo Kantis de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

En términos del proceso emprendedor ese resultado implica una fuerte limitación para el desarrollo de la oferta de emprendedores, ya que en buena medida la población espera del Estado las soluciones a sus problemas y no de ellos mismos, sostiene el estudio.

Todas estas señales están indicando que realmente hay muchas dificultades para atraer inversiones, para que se reactive la economía, para que se fortalezca el aparato productivo, generando más trabajo, mejores salarios y mejor calidad de vida para los uruguayos.

El desafío es entonces que dejemos de ser un país virtual para ser de una vez por todas un país real.

Se ajusta entonces a esta situación el reafirmar la famosa frase, del expresidente norteamericano, John F. Kennedy, cuando dirigiéndose a sus conciudadanos les expresó: “no se pregunten qué puede hacer su país por ustedes, pregúntense qué pueden hacer ustedes por su país”

Tenemos que ser creativos, innovadores, constructivos, acogiendo a las mejores ideas y a los mejores hombres, hacer un culto de la eficacia, la eficiencia, la celeridad y el resultado. Por eso debe reclamársele al gobierno que se avoque de inmediato a las preocupaciones de la gente: su trabajo, la educación de sus hijos, la salud, la seguridad, el vivir y trabajar con dignidad y la mejora en la calidad de vida. Aquí hay una responsabilidad nacional. Exigir que se diga lo que se piensa y se haga lo que se dice. Caminar hacia delante, con el rumbo cierto y firme, del que sabe hacia dónde está el verdadero cambio y se anima, por su País y sus hijos, para marchar hacia el porvenir.

Guillermo Maciel