Tenemos
muchas diferencias con el Gobierno. Algunas son de corte filosófico e
ideológico, otras son de tipo programático e instrumental. Las tenemos en
cuanto a su estilo y su forma de proceder.
Pero
quizás una de las más difíciles de salvar es la referida al idioma en que
parece que habla el Frente Amplio.
No
nos vamos a referir a la forma en la que se expresan Mujica y Tabaré Vázquez.
No
vamos a repetir sus ordinarieces y malas palabras poco felices.
A
lo que nos queremos referir es a que parecería que hablamos idiomas distintos.
Dicen
una cosa, cuando en realidad quieren significar, o esconder, otra.
Así
el Ministro del Interior habla de “sensación térmica”, cuando tendría que decir
“inseguridad pública”. El mismo jerarca hablo de la “humanización del sistema
carcelario” cuando debió decir “soltar a delincuentes que están presos”.
El
Ministro de Relaciones Exteriores dice “más MERCOSUR” cuando todos sabemos que
vamos a terminar firmando un Tratado de Libre Comercio con los Estados unidos.
Se
habla del “gas oil productivo” y luego de su primer estrepitoso fracaso en este
tema, se anuncia que el mismo va a alcanzar a las empresas de transporte
exclusivamente (en nuestro lenguaje esos son “servicios”).
Se
habla de una “reforma tributaria” que en realidad es un “ajuste fiscal”.
Se
proclama el “país productivo” y la
proyectada reforma castiga especialmente al agro y a la industria aumentando su
carga tributaria. Eso sí, si alguien se beneficia en algo con los nuevos
impuestos es el sector servicios por la rebaja proyectada de los aportes
patronales.
El
problema se da también respecto de los caracteres numéricos: Cuando se dice que
el porcentaje asignado presupuestalmente para la educación es del 4,5%, pero la
suma da menos del 3%. También se anuncia que el petróleo se le va a comprar a
Chávez en u$40 el barril, y se termina
pagando el doble.
Indudablemente
estamos ante un problema idiomático. Del lenguaje utilizado.
El
asunto es que de esta manera resulta complicado saber hacia donde, como y
cuando vamos.
Si
no fuese así no se daría la confusión terminológica que se presenta cuando el
Presidente y su Secretario y hermano hablan de “seguridad institucional”,
cuando en realidad tendrían que hablar del “avión presidencial”.
Alvaro
Alonso