BLANCO, SARAVISTA Y ROCKERO

 

En estos días en que los blancos recordamos con reverencia a la figura del General Aparicio Saravia, es que podemos comprobar el grado de liviandad con que los medios de comunicación, casi sin excepciones, han tratado el tema, vinculándolo a una mera especulación dirigida a obtener algún rédito de corte electoral o a criticar el hecho de mirar hacia el pasado, en lugar de hacerlo hacia el futuro.

 

¿Cuesta tanto entender que para entendernos a nosotros mismos como sociedad debemos necesariamente conocer nuestra historia y, sobre esas bases, planificar y edificar nuestro futuro? Hay periodistas que acusan a nuestro Partido de utilizar el centenario de la muerte del gran caudillo con fines políticos. La verdad es que nuestra dirigencia debería haber hecho esta conmemoración en el año 2013 para no herir la susceptibilidad de un Gustavo Escanlar o una Raquel Daruech, sobre todo teniendo en cuenta que la intención de Saravia fue la de morirse en 1904 para que en la campaña electoral del 2004, Jorge Larrañaga aprovechara este suceso para sus propios intereses. 

 

El sacrificio de miles de uruguayos peleando por las libertades cívicas tampoco debería  recordarse porque no debemos  olvidar que nuestra misión como Partido tiene que ser la de dejar contentos a un grupo de supuestos intelectuales snob que tienen el atrevimiento, no de opinar, sino de hacerlo sin saber de lo que hablan. De lo que no se dan cuenta es de que si hoy tienen la libertad de decir cualquier tontería en un medio de comunicación es porque hubo un pueblo que resolvió pelear hasta morir por sus ideales, y un gran hombre como Aparicio, quien probablemente si escuchara o leyera alguna de las cosas que se dicen o escriben cien años después,  se hubiera quedado en su estancia engordando vacas.

 

Tengo 31 años, mi hobby es coleccionar discos de rock n’ roll e ir a recitales.

 

Creo que el mejor grupo de música que existió fueron los Ramones y en el Uruguay Los Chicos Eléctricos. Fui a Montevideo Rock I, a Junta cadáveres y a Amarillo. Nací en Montevideo, no me gusta la vida de campo y me subí en toda mi vida tres veces a un caballo de las cuales me caí dos. Pero además me siento profundamente orgulloso de pertenecer a un Partido Tradicional que colaboró en la cimentación y el desarrollo de nuestro país para lograr que este fuera un mejor lugar para vivir. Los blancos vamos a seguir reivindicando nuestra historia porque la consideramos  un legado sagrado que debemos honrar y respetar. Quienes nada propio tienen de lo que sentirse orgullosos y por eso hablan de la refundación del Uruguay, deben de saber que van a encontrar en nuestro Partido y en sus integrantes la firmeza inquebrantable que hemos abrevado de nuestro pasado y que nos servirá para ser los constructores del Uruguay del futuro. 

 

Alfredo Susena