Universidad de Pantalones Cortos

 

 

Año a año, tanto en el presupuesto nacional como en las rendiciones de cuentas, la Universidad de la República nos tiene acostumbrado a exigencias sindicales, paros y perjuicios para el normal desarrollo de los cursos por reclamos sobre las partidas asignadas en el gasto público a esa Casa de Estudio.

 

Siempre son reclamos, nunca son propuestas o soluciones y se supone que en la educación terciaria están los mejores, solo vemos exigencias y medidas de lucha sindical, medidas que luego no tiene sus descuentos en las remuneraciones (así es muy fácil hacer paros) porque todos los actores van en el mismo barco y las autoridades son los mismos profesores y alumnos.

 

Cogobierno se le llama y se usa en un solo sentido, porque cuando uno cogobierna comparte la responsabilidad, pero ahí parece que solo hay derechos y no responsabilidades que los primeros conllevan en cuanto a las soluciones o a las medidas que tiendan a ello.

 

Empecinada y conservadoramente, la Gran Casa de Estudios se niega a poner una matrícula a sus estudiantes, que podría ser parte de la solución reclamada insistentemente año tras año y lo que es peor no se da un ámbito propio, abierto y público para la discusión seria del tema, se lo descarta ligeramente o con poca explicación dentro de los consejos universitarios..

 

Analicemos un poco el tema.

 

Los contrarios a la matrícula se refugian en el argumento de la gratuidad de la enseñanza y no tienen muchos argumentos más, solo ese dogma de origen Valeriano, muy progresista en su tiempo y en la enseñanza primaria, pero que en el mundo de hoy no tiene esa significación en la enseñanza terciaria.

 

Los alumnos de la Universidad son en más de un 70% provenientes de la clase media para arriba en la escala social, solo el 8 % es de familias proletarias. Si vamos a los guarismos de egresados, es aún peor la distribución social.

Intenten estacionar a menos de dos cuadras de cualquier universidad céntrica un día de clase y se darán cuenta de lo que estoy diciendo.

 

¿Qué queremos significar con esto? : la profunda injusticia social que conlleva el actual sistema; la población más humilde, que es la mayoritaria, con sus impuestos subvenciona la educación terciaria de los hijos de las clases acomodadas, pero escudados en el slogan de la gratuidad, los intelectuales cogobernantes de la Universidad perpetúan la desigualdad o aún peor la acrecientan.

 

Yo concurrí a un colegio privado de clase media y cuando entré a facultad dejé de pagar por mi educación, no parece muy lógico y menos aún justo; cuando planteé el tema siendo estudiante siempre se me criticó malamente.

 

Si se impone una matricula por franjas de ingresos del núcleo familiar (hoy tan de moda en este encubierto ajuste fiscal de reforma tributaria), con una primera franja que no pague nada y luego progresivamente hasta ubicarnos, por decir algo, un 30% por debajo de lo que cobran las universidades privadas, la Alta Casa de Estudios se haría de una importante suma de dinero.

 

Con ese dinero se podrían mejorar las remuneraciones, la infraestructura, los programas de investigación, poner en igualdad de medios a la universidad pública con las privadas o la estatal terminará siendo una universidad de segunda como sucede en otros países; pero lo más importante sería terminar con la injusticia social y aún mejor, comenzar a revertir esas diferencias.

 

Ejemplos: un alumno egresado de bachillerato en Bella Unión ¿cuanto dinero debe erogar para poder concurrir a la universidad en Montevideo? y ¿cuanto un egresado en Montevideo?, es clara la diferencia de oportunidades; se podría generar becas o residencias estudiantiles universitarias para igualar a todos los uruguayos, vivan donde vivan. También se podría becar a estudiantes de familias humildes en los gastos que genera estudiar (transporte, libros, útiles, alimentación, etc.) por que una cosa es ser gratuita y otra cosa muy distinta es que sea gratis. Estudiar es muy caro.

 

Quizás el dinero no de para todo esto, quizás mientan en las declaraciones juradas, pero siempre será una mejora sustancial en los ingresos, ingresos propios y no mendigados. En fin, ¿es tan difícil señores de la Universidad dejar de lado prejuicios conservadores y vacíos de realidad y justicia social y ponerse los pantalones largos de la responsabilidad para proponer cosas posibles y no solo hacer berrinches de nenes chicos?.

 

El cogobierno no solo es opinar con libertad de cátedra, también es generar cosas, demuéstrenos a los uruguayo eso de lo que siempre hacen gala: en la Universidad de la República están las mejores inteligencias, llegó la hora de bajar al Uruguay de hoy. Es el desafío que tiene por delante hoy, si realmente son quienes dicen ser.

 

Agustín Cobas