Las
administraciones Sanguinetti tuvieron desde el punto de vista del manejo de la
Deuda Externa Nacional un denominador común: usar la tarjeta de crédito a pago
diferido y que pague el que viene.
Cuando
el Partido Nacional asume el gobierno se encuentra con una deuda en un rango
inmanejable, pero negociando con los acreedores y mediante planes de quitas y
refinanciaciones impulsados desde los EE.UU., el Gobierno Nacionalista entregó
al Poder Ejecutivo entrante una economía saneada, con un monto de deuda
aceptable.
Ni
lerdo ni perezoso el Presidente Sanguinetti en su segundo mandato volvió a su
“modus operandi” de gastar a cuenta, para solucionar los apremios financieros
de su gobierno y entregó a la administración de su correligionario Jorge Batlle
nuevamente, una abultada deuda externa.
Crisis
mediante del 2002, nuestros compromisos financieros con los organismos de
crédito internacionales siguieron incrementándose y el gobierno del Dr. Vázquez
asumió el timón de la economía con esa pesada carga.
Lo
llamativo del caso es que durante los tres mandatos presidenciales en
democracia, las fuerzas de izquierda que hoy gobiernan, despotricaron una vez
si y otra también, cada vez que el Poder Ejecutivo de turno generaba deuda
pública y cuando el Gobierno Nacionalista renegoció nuestros compromisos
financieros internacionales fue duramente cuestionado, suponemos que por que
nos apoyamos en planes que provenían de EE.UU. y también por que ellos se oponían
a cualquier cosa fuese lo que fuese.
Pero ¡¡oh sorpresa¡¡, cuando asumen ellos la
responsabilidad del manejo económico de las finanzas del Estado, lo primero que
hacen es pedirle al Banco Mundial 200 millones de dólares para el Plan de
Emergencia, lo cual parecería un fin loable, pero al poco tiempo se emiten
papeles de deuda pública por 300 millones de dólares y consideran un éxito que
se haya agotado la serie y una señal de confianza a la nueva conducción del
País, lo que no dicen es que a la tasa altísima de interés que se transaron las
operaciones, difícil sería que no hubiese interesados. El tema no termina acá.
Dado
el éxito anterior en endeudarnos a costos altísimos, no tienen mejor idea que
emitir nuevos papeles otra vez por 300 millones, pero ahora en euros, lo que
significa aproximadamente 370 millones de dólares más.
Para
rematar el tema, esta primer semana de agosto, el BID les concedió un nuevo
préstamo por 250 millones de dólares, para atender la emergencia social.
¿Donde
quedaron expresiones como: “esta deuda no la va a pagar ni nuestros nietos”,
“fuera el FMI”, “no pagar la deuda externa”?.
Parece
que firma mediante de la carta intención con el Fondo Monetario Internacional
(más dura en sus términos aún que la que firmó el Gobierno de Batlle) y un
brindis con champagne con los delegados del Banco Mundial, ahora son todos
macanudos y se olvidó todo lo que durante años se dijo al respecto, para
demagógicamente captar adhesiones en aquel proceso de irresponsabilidad
política que los caracterizaba y que seguramente ahora les será difícil
justificar.
En
fin, parece que si lo hacía otro, era para negocios no muy claros, para asistir
al capital financiero ó para quien sabe que fines ocultos aún más tenebrosos,
pero cuando es el Frente Amplio quien lo hace, es para altruista fines como
atender la emergencia social ó al país productivo, diría el inefable Wimpy:
¿UD. no desconfiaría?, Yo si, pero no desconfío, estoy seguro.
Los
papeles de deuda fueron para poder hacer frente a compromisos financieros del
Estado con ese “capital” tantas veces vituperado y seguramente también
como puentes financieros para cumplir con compromisos pactados con los
organismos de crédito internacional y los 200 millones del Plan de Emergencia
no se donde están, por que al plan ni la sombra se le ve y si no pregúntenle a
los más de 240 mil uruguayos supuestos
beneficiarios, que aún están esperando lo que les prometieron hace ya
dos elecciones en forma anodina y en forma cierta, desde que asumieron el
gobierno.
En
resumen, en poco más de 5 meses de gobierno progresista, ya nos endeudaron en
más de 1000 millones de dólares y todo con una sonrisa en la cara, como
diciéndonos la frase tan mentada: “festejen uruguayos, festejen” y yo agrego:
“después no se quejen”.