El
después....
Finalmente se develó el
resultado final de la elección nacional, poniendo a la izquierda uruguaya por
primera vez en el gobierno, y sustentada por mayorías parlamentarias que le
permitirán poner en ejercicio todos los cambios propuestos en la campaña
previa.
Esta realidad no inhibe
al Partido Nacional de sentir la satisfacción del deber cumplido en la lucha
electoral librada que determinó alcanzar guarismos de crecimiento
significativos, mas allá de no haber alcanzado la victoria en las urnas que era
el objetivo más ambicioso, tanto de la dirigencia como de las huestes
nacionalistas, que desparramaron a lo largo y ancho del suelo oriental su
entusiasmo, su algarabía, su convicción y su determinación.
Quizá no sea el momento
apropiado para analizar con profundidad lo actuado para determinar con
propiedad, donde se cometieron errores o existieron falencias contra las metas
propuestas. Seguramente los
especialistas, en el futuro cercano desmenuzarán la temática y escribirán ríos
de tinta en tal sentido, como se ocuparán espacios radiales y televisivos con
los comentarios que tales acontecimientos merezcan.
Lo que no se puede pasar por alto fue el desempeño
extraordinario de los jóvenes nacionalistas, artífices en gran medida de ese crecimiento
de la corriente blanca, y protagonistas principales en potenciar y propiciar la
renovación partidaria, lo que generó un estado espiritual y anímico en el
colectivo que nos hizo soñar con logros mayores.
De cara al después, cabe
preguntarse QUE nos deja esta elección.
Pues bien, en primer
lugar es claro que el Partido Nacional sale fortalecido, y en la medida que sus
líderes lo conduzcan por caminos de unión aún en la discrepancia, le está
reservado un rol preponderante y fundamental desde una oposición responsable,
coherente, firme, constructiva, que se resume con sabiduría en la frase
esgrimida de ... “al país todo, al gobierno lo que se
merezca”, patrimonio del ideario que nos legara Wilson.
Cualquier gobierno puede
sentir beneplácito de tener a los Blancos en la oposición, pues como marca la
historia, pueden tener la certeza que estarán a su lado en los temas de Estado
poniendo su peso y fortaleza al servicio de la Nación –cuando así se lo
demande- sin perjuicio de convertirse en celosos custodios de esos mismos
valores, y dispuestos a la lucha sea cual sea la coyuntura, para impedir o
corregir desvío o iniciativas que no juzgue como buenas para la ciudadanía,
destino final de su existencia y desvelos.
Cual manantial inagotable
de convicción y determinación, donde refugiarse en momentos de flaquezas o
contrariedades circunstanciales, queda una juventud multitudinaria con la misma
disposición de ayer a “poner y poner” conciente que su lucha es por su futuro
y, desde este presente adverso poder catapultar un horizonte venturoso,
reconociendo el liderazgo de los mayores pero sabiéndose la savia renovadora y
vital que asegurará existencia entera a la legión nacionalista.
PERDEDOR ES QUIEN SE
ENTREGA...LOS BLANCOS NI AUN VENCIDOS ACEPTAMOS ARRIAR NUESTRAS BANDERAS.
VIVA EL PARTIDO NACIONAL
POR SIEMPRE Y HOY MAS QUE NUNCA!!!!!!!
Nadia Menéndez