Es
un año electoral. El escenario político muestra al Partido Nacional como
la única opción tradicional con posibilidades ciertas de triunfo, en una
confrontación mano a mano con la coalición de izquierda.
Internamente
los blancos dirimen el liderazgo de la heroica corriente nacionalista, con la
pasión y el fervor cívico que los identifica.
A fines de junio la
incógnita se develará, poniendo sobre los hombros del triunfador, la pesada y
honrosa carga de conducir los destinos de la masa partidaria en la campaña
electoral y seguramente del país todo, cuando el mandato soberano así lo
decida.
Para viabilizar tal hipótesis, es condición
imprescindible demandar a los líderes que pugnan por la preferencia partidaria,
así como a las estructuras que apoyan a las diferentes opciones, que sin
renunciar al temperamento blanco, heredado de los forjadores de la divisa,
fundamenten sus plataformas sobre la base de sus ideas, desechando agravios, o
confrontaciones ajenas a las mismas que entorpezcan la necesaria e
impostergable alineación, tras la figura que resulte triunfadora.
El
Uruguay no tolera ya un Partido Nacional dividido.
Dijo Wilson, para un blanco... nada mejor que
otro blanco.
Hagámoslo realidad.
VIVA
Nadia
Menéndez