Y TE GANARÁS EL PAN CON EL SUDOR DE TU FRENTE.

 

 

En estos tiempos de grandes dificultades, cuando los temas cotidianos nos llevan a reflexionar sobre donde estamos y como vamos a hacer para superar esta situación como cuerpo social, cuando poco nos conforma y a cada rato nos golpea la noticia de que algún familiar o amigo padece la angustia de la falta de trabajo o que se va del país a buscar nuevas oportunidades, recordamos el estigma de que el Hombre ganará el pan de cada día  con el sudor de su frente.

 

 

Esa idea de esfuerzo, de sacrificio y de sufrimiento que supone el ganar el pan de cada día, y que frecuentemente la reafirmamos en nuestro interior cuando escuchamos al común decir “este trabajo me está matando” se contrapone con la idea del inmigrante sacrificado que construyó y nos dejó de herencia nuestro país, con sus valores, donde el trabajo dignifica al Hombre.

 

 

Ambos conceptos aunque contrapuestos son ciertos, y quizás todo se reduzca a considerar que todo es según el cristal con que se lo mira. Si bien el primero es cierto porque nada se obtiene sin el consiguiente sacrificio, el segundo puede verse desde otra perspectiva. Quizás podamos coincidir en establecer que no es tanto la dignificación del Hombre en el trabajo, lo que es cierto, sino que cuando el Hombre no puede trabajar  para ganarse el pan de cada día, esa falta de trabajo lo lleva a sentir que pierde su dignidad, que deja de ser útil para si mismo y para su familia, que no contribuye a la sociedad y que deja de tener un lugar entre sus pares, se siente disminuido ante ellos.

 

 

Nuestra sociedad en estos tiempos ha sido signada por el exitismo y el pesimismo. 

 

 

Nos medimos los unos a los otros de acuerdo a los éxitos o fracasos en los diferentes planos, especialmente el éxito en el trabajo y en los frutos del trabajo. Conocemos a alguien por las cosas que hace o por lo que tiene y pocas veces por lo que realmente es como persona, y esto lo percibimos y asumimos aunque no nos guste que sea así. Este exitismo golpea  particularmente al que no tiene trabajo y repetimos lo angustia, lo disminuye y lo excluye, lo hace sentir que ha perdido su dignidad, ya no es un igual.

 

 

Nos hemos caracterizado por ser pesimistas. Cuando estábamos mejor auguramos tiempos de crisis, sin disfrutar plenamente las pequeñas bonanzas. Quizás de tanto pronosticar la crisis, la provocamos o contribuimos a agravarla. Cuando estamos en dificultades, no encontramos caminos y desconfiamos de todo y de todos. Lo atribuimos a la idiosincrasia uruguaya, a que somos latinos o a lo que se nos venga en gana. Lo cierto es que parecería que no tuviéramos ni el deseo ni la voluntad de cambiar.

 

 

 

 

 

Nos preguntamos si podemos seguir siendo así, deterministas, egoístas y pesimistas, si deseamos ser simples espectadores de la realidad barranca abajo esperando que otros se ocupen de buscar soluciones al drama social y a las angustias de nuestros seres queridos o debemos ser actores y transformadores de la sociedad.

 

 

Nosotros queremos ser transformadores, debemos buscar soluciones y proponerlas, con solidaridad y grandeza, nadie de afuera se ocupará de nosotros si no somos capaces de ocuparnos de nosotros mismos. Soñemos con proyectos y hagamos el esfuerzo de hacerlos realidad, con inteligencia, con dedicación y con sacrificio.

 

 

Ya hay síntomas de que se puede, que hay sectores vinculados a la actividad primaria, a ciertas manufacturas, al transporte, al comercio exterior que vienen mejorando su actividad.

 

 

Tenemos todo lo que necesitamos. Tenemos juventud con deseo trabajar, tenemos gente experimentada y profesional que también desea trabajar, tenemos recursos materiales disponibles y ociosos, tenemos el colchón bank e innumerables edificios, instalaciones y equipos sin utilizar, de particulares y del Estado. La inversión del exterior bienvenida sea, pero primero usemos los recursos que disponemos, los que están ya en nuestras manos, luego vendrán los otros. Pongamos a trabajar todos nuestros recursos, nuestra imaginación, nuestra experiencia y lo que nos queda de nuestros ahorros. Empecemos hoy y mañana estaremos mejor. Demos pasos hacia delante, no importa cuan largos sean los pasos, lo importante es que avancemos.

 

 

 Reconstruyamos una sociedad igualitaria y solidaria, donde los jóvenes tengan esperanza en el mañana, donde haya optimismo, donde haya oportunidad para todos, donde nadie se sienta excluido, donde todo Hombre se gane el pan con el sudor de su frente y luego sienta que el trabajo lo dignifica.

 

Carlos Cobas