Desde hace un par de meses
se encuentra al aire en el canal 10 el programa periodístico “Zona Urbana”. El
mismo está conducido por un grupo de periodistas jóvenes que busca sustituir el
enfoque tradicional en este tipo de productos por uno mucho más dinámico,
incisivo, sin perder profundidad, pero sin perder de vista el objetivo de
entretener al televidente.
Esos
objetivos son en parte cumplidos y creo que el programa tiene picos altos como
los informes de la Ec. Laura Raffo, claros y sencillos para el televidente que,
en general, ve los temas económicos como algo insondable para su comprensión, o
algunos apuntes y comentarios de Gustavo Escanlar, diciendo cosas que muchos
uruguayos pensamos pero que a veces no nos atrevemos a decir.
Sin
embargo, creo que han errado el enfoque en algunas investigaciones, en especial
en la concerniente al Parlamento, cayendo en lugares comunes que implican las
más mediocres generalizaciones a la que los uruguayos somos tan adeptos, así
como a la difusión de conceptos prejuiciosos respecto a quienes desarrollan la
actividad política. ¿Por qué además de tratar de investigar sobre las
inasistencias de los legisladores, no se informa a la ciudadanía sobre aquellos
parlamentarios que cumplen a carta cabal con sus obligaciones? Se podrá decir
que los cumplidores no hacen más que obedecer un mandato que le brinda la
ciudadanía, y es absolutamente cierto. Pero también hay que decir que el empeño
que se pone y la manera de juzgar el trabajo de los legisladores no es la misma
que existe para con cualquier otro trabajo. Existe un “valor agregado” que le
da a la tarea parlamentaria una atención diferenciada que justifica, en
especial en tiempos de descreimiento, un reconocimiento a aquellos que realizan
enormes sacrificios en el cumplimiento de sus deberes. Para cualquiera
medianamente informado, no debe escapar además que el verdadero trabajo
parlamentario no se desarrolla en el Plenario de las Cámaras sino en el trabajo
individual de estudio en los despachos así como en las distintas Comisiones de
trabajo que existen, lugar verdadero de elaboración y discusión de las
distintas iniciativas. Todo esto no fue objeto de investigación por parte de
los periodistas del programa mencionado.
Por
último quisiera hacer referencia a las palabras del conductor principal de
“Zona Urbana”, Ignacio Álvarez, respecto a la actitud del señor Mario Farachio
de no querer hacer declaraciones a los periodistas. No hablar es un derecho y
nadie puede ser tildado de antidemócrata por ejercer un derecho. El deber del
periodista es el de informar y eso es lo que el señor Álvarez debería haber
hecho en su programa respecto a la actitud silenciosa de Farachio. La
ciudadanía es la que, en última instancia debe juzgar esas conductas.
Quiero
volver a lo del principio. Me gusta mucho “Zona Urbana” y me siento
generacionalmente identificado con la propuesta, que creo va a mejorar porque
me parece que hay buena “madera” para hacerlo. Pero también quería expresar mi
desencanto cuando en temas tan trascendentes no se busca salir del lugar común
haciendo un panorama parcial de realidades tan vitales para la vida democrática
de un país.
Alfredo
Susena