Vergüenza sindical
Que
el PIT-CNT es el brazo sindical del Frente Amplio y no una legitima expresión
del pueblo trabajador, no es noticia para nadie, pero durante los años
anteriores lo habían realizado embozados detrás de un doble discurso de defensa
de los intereses de los trabajadores, cuando en realidad sus reclamos,
plataformas y medidas gremiales en realidad obedecían a las elucubraciones
electorales de la izquierda vernácula.
Pero
ahora la cosa cambió, desde que sus referentes políticos han asumido el
desgobierno del País, casi en forma vergonzosa se han sacado la careta de
sindicalistas para dejar ver su verdadero rostro de militantes políticos de la
izquierda.
Se
sienten como gurí con chiche nuevo, se sienten todopoderosos, sienten que les
llegó el cuarto de hora de dar rienda suelta al rencor acumulado durante años
de auto envenenarse con sus consignas de lucha de clase y enfrentamientos entre
buenos y malos.
Lo
peor es que este Poder Ejecutivo los apaña y no pone cuota a sus excesos,
excusados dentro de un llamado derecho de huelga que parece ser tiene la
potestad de avasallar a todos los otros derechos y más cuando son ejercidos por
aquellos que no piensan como ellos.
El
colmo de la desfachatez llegó en el último congreso del PIT-CNT en el que hasta por la prensa se dieron los
porcentajes de los representantes ejecutivos de esa agrupación mal llamada de
trabajadores, que respondían a rigurosa cuota política del Frente Amplio:
tantos para el Partido Comunista (parece que perdió escaños), tantos para el
MPP, tantos para los ultra, etc. etc. etc., pero al punto de que como no daban
los múltiplos de los cargos modificaron el número de integrantes de su
dirección para acomodarse a la cuota de la repartija político partidaria.
Esto
parecería ser suficiente, pero como ya dijimos de la izquierda en el gobierno,
tenemos que repetir lo mismo de la izquierda sindical: nunca pierden la
capacidad de asombrarnos nuevamente.
Frente
a una huelga del transporte de carga, en la que no voy a entrar a analizar las
razones, por que como demócrata republicano también creo en el derecho de
huelga aunque no lo ejerza yo y aunque soy burgués y no proletario, los señores
del PIT – CNT realizaron una movilización en contra.
En
esos días una cronista televisiva dijo: esto es surrealista: el PIT hace una
movilización contra una huelga, el Gobierno de izquierda declara esencialidad
del servicio prestado por los huelguistas y los patrones son los que hacen la
huelga.
¿Parece
mentira no?. Desgraciadamente no, es verdad así como la mayoría de las cosas
que acontecen en estos tiempos de la mano de quienes tienen la responsabilidad
de conducirnos.
Pero
lo más grave de todo con los compañeros del PIT – CNT, es que la consigna de la
movilización rompe huelga fue: para defender la democracia y se argumentó que
la medida de los transportistas era orquestada por la derecha para
desestabilizar el gobierno.
Desde
cuando al PIT le a importado desestabilizar o no un gobierno, yo más bien diría
que ellos fueron históricamente los campeones en el tema de intentarlo en
procura de sus intereses no de clase sino de partido, con el costo que fuera,
pero ahora parece que lo que ellos hicieron irresponsablemente durante los
últimos años de democracia ahora está mal, por que no lo hacen ellos y por que
el Gobierno es de izquierda.
Pero
lo peor es la concepción de fondo, el trasnochado y perimido esquema de la
desestabilización, a quien en su sano juicio se le puede ocurrir hoy que la
derecha va a manipular un gremio, justamente un gremio, para atentar contra el
Gobierno establecido, el problema me parece es como dice el dicho: “el ladrón
piensa que son todos de su condición”; creo que por ahí va la cosa y que además
a los señores no les gusta tomar una taza de su propio chocolate.
Desgraciadamente
este tema de la desestabilización, el enfrentamiento, los buenos y los malos,
es una dialéctica que poco a poco la izquierda gobernante está introduciendo
nuevamente en nuestra sociedad.
Los
festejos de los dos años de la victoria electoral del Frente Amplio, fueron
realizados bajo la triste consigna de “Defendamos los Cambios” ¿de quien hay
que defenderse?, seguramente de lo que hay que defenderse es de esa mentalidad
que pone a uruguayos contra uruguayos y
que a pesar de mis años yo recuerdo que ese camino nos llevó al triste período
de la sedición y su consecuencia del período de dictadura.
Uruguayos,
trabajadores y patrones, no entren en este juego de intereses mezquinos que
solo pretenden, el poder para imponer su forma de pensar, el poder para que los
otros no piensen, el poder para avasallar a los que no piensan como ellos, el
poder para ignorar a las minorías, en fin el poder por el poder mismo.
Rebélense contra eso, pero no en forma violenta, no en contra de las
instituciones, no desestabilizando, sino como los uruguayos de bien sabemos
hacerlo: democrática e institucionalmente y dejen que los que viven con los
fantasmas de la lucha de clases, la guerra fría y el totalitarismo arraigado en
sus concepciones políticas digan lo que quieran, el futuro nos dará la razón.
Agustín Cobas