AJUSTE   POLITICO   O

AJUSTE POPULISTA

 

Somos contrarios a la decisión política inspirada exclusivamente en la búsqueda de réditos electorales. Pensamos que esa conducta puede resultar especialmente peligrosa si  se aplica sobre todo cuando persigue el aplauso de la opinión publica sin que el colectivo se vea favorecido. Si resulta perjudicial, es desde el punto de vista político, condenable y en el mejor de los casos descalifica a quien propone acciones de este tipo.

Siempre resulta más fácil  destruir que construir; criticar que crear; atacar que defender, tal como se esta dando a través de la pomposa propuesta de “Ajuste Político” del Dr. Lacalle .

Parece no haber sido suficientemente riesgosa la jugada de desarticular el funcionamiento del Poder Ejecutivo con la ruptura del sistema de coalición de gobierno, sino que ahora se da un nuevo impulso a la propuesta de minimización de la representatividad, base de toda sociedad moderna, la que se presenta como una respuesta mágica a los problemas de funcionamiento que nuestra democracia sufre.

La idea es simple, si el parlamento, o los políticos, en momentos como los que se viven, son mal considerados por la opinión pública, entonces, llegó la oportunidad para sacarle jugo electoral al descrédito.

En vez de 99, que sean 66, por ahora, porque bien se podría argumentar que 33 serian suficientes, total, se precisó de otros tantos para liberarnos y fundar la República sin mayores sobresaltos.

Pero las cosas no son tan sencillas, y sin entrar a desarrollar la teoría de la representatividad del parlamento, el planteo cae por si solo.

La única justificación que hemos escuchado para defender esta plataforma es que sería bien visto por los votantes.

Es ese un argumento de estrategia electoral, o más bien electorera.

Nadie puede ni cuantitativa ni cualitativamente afirmar que nuestro parlamento y por consiguiente, la democracia uruguaya, funcionarían mejor con una treintena menos de diputados o con 25 senadores en vez de 30.

En el primer numero de “Compromiso” desarrollamos nuevamente nuestra propuesta de reforma hacia un sistema parlamentario de gobierno. Haciendo más eficientes a los poderes Ejecutivo y Legislativo.

Si asumimos que existen vicios de funcionamiento en el sistema político, debemos atacarlos con seriedad y responsabilidad.

El asunto central de la crítica al parlamento no se explica por la cantidad de legisladores, sino por la calidad de la tarea que estos desempeñan. Se debe jerarquizar la función centrando el poder en los órganos representativos, balanceando las responsabilidades en función de las competencias de los distintos poderes. Nada de esto mejoraría con esta propuesta populista, sino todo lo contrario.

Una de las mayores criticas que los partidos políticos reciben permanentemente es su propensión a las propuestas demagógicas: plantear cosas para quedar bien aunque para nada sirvan las mismas.

No señores, no es con mas demagogia y mas oportunismo, es con mas responsabilidad, que en definitiva, podremos salir adelante.

 

Alvaro Alonso