LA BATALLA POR MONTEVIDEO
Como era de esperar el movimiento político se incrementó ni bien terminamos de festejar las Pascuas. Es indudable que ante la magnitud y profundidad de la crisis que estamos padeciendo, las prioridades que con justa razón tiene la ciudadanía se alejen del cercano tiempo electoral. Todos bregamos para la utilización lógica y eficiente del tiempo que resta al 2004, para el encuentro de soluciones impostergables para lograr en lo más urgente un consenso elemental y que por sobre todas las cosas el almanaque eleccionario no atente contra el cambio de tendencia en lo económico que aunque mínimamente el Uruguay gracias a Dios comienza a revertir.
De la madurez de los actores que
integran el sistema político, saldrá o no una imprescindible reivindicación del
mismo, y sin dudas la opinión pública condenará expresiones electoralistas que
por su falta de oportunidad o demagogia atenten contra el bien común de nuestra
castigada sociedad.
Pero no menos cierto es que es el
mismo sistema político el que debe con responsabilidad hacerle frente a lo que
marca el calendario, máxime teniendo en cuenta lo particular de esta elección:
de la misma dependerá el curso que como Nación emprenderemos después de todos
los momentos amargos que vivimos. Así
son las reglas de la democracia, cada 5 años hay elecciones y hay que saber
aprovechar la posibilidad de ejercer el sufragio libremente.
Para nuestro Partido también esta
elección es particular, se plebiscitan estilos de conducción, conductas e ideas
y por sobre todas las cosas se evaluará la
vigencia de nuestra colectividad Política, a la hora de sacar el País
adelante en forma justa. La sumatoria
de todos estos factores será la sumatoria de votos al final de octubre de 2004.
Del análisis detenido de la
geografía nacionalista, salta claramente cual ha sido el Talón de Aquiles de
nuestro Partido: donde nadie duda en destacar la constante pérdida de apoyo en
la zona metropolitana como un elemento fundamentalmente drástico y en donde
debe enfocarse nuestro mayor esfuerzo como dirigentes y como Agrupación de la
envergadura y responsabilidad Departamental que ostentamos.
El Montevideo de hoy dista mucho
de aquella ciudad gobernada por Fernández Crespo, en la actualidad existen
fenómenos socio-demográficos puntuales en cada una de las zonas y situaciones
críticas que castigan a la ciudad en su conjunto que por su condición cuasi
cosmopolita reflejan antes que nadie la situación nacional, en donde se torna
necesario políticas en el ámbito central para atender la falta de seguridad, la
caída del comercio o la proliferación de asentamientos irregulares, que con diferencias
surgen en cada uno de los barrios de nuestra capital.
Si le sumamos el agotamiento del
gobierno frenteamplista, que como constante en estos casi 15 años ha hostigado
los bolsillos de los contribuyentes para mantener los privilegios de sus
funcionarios, postergando obras y planificación de servicios básicos, en beneficio
de su burocracia ahora descentralizada, iremos encontrando un vasto campo de
acción para hacer política de la forma que más nos gusta; a través de la
propuesta y la contribución positiva.
Si logramos proponer al debate público
un plan integrado de políticas nacionales y municipales que vea a Montevideo
como un todo y no por compartimientos estancos, estaremos contribuyendo con
todo el enorme esfuerzo que nuestros correligionarios darán a lo largo y ancho del País.
Si por el contrario seguimos
dándole la espalda a estos problemas seguiremos dándole la espalda al 40 % de
los uruguayos que para mal o para bien merecen la atención del Partido
Nacional.
La Lista 903 comienza el próximo sábado. Con propuestas, con apertura y con
dedicación, asumiendo como tarea obligatoria nuestra labor en Montevideo, para
sacar el país adelante.
Sebastián Da Silva