La reciente
iniciativa de la LISTA 903- DESAFIO NACIONAL, de crear un espacio de opinión al
que se le ha denominado COMPROMISO, constituye a todas luces un acierto, no sólo para quienes hemos tenido
la distinción de haber sido invitados como columnistas, sino fundamentalmente
para todos aquellos ciudadanos nacionalistas y porque no, de otras tiendas, que
sienten cada vez con más angustia su incapacidad de comunicación y van
percibiendo el fenómeno político como una realidad ajena.
Resulta claro
que en los últimos tiempos el país ha incursionado en una crisis severa, que
partiendo de una situación económica compleja fue llevando a la ciudadanía en
su conjunto a una situación de desconcierto, de falta de credibilidad, pero
fundamentalmente de desconfianza.
La gente, la
gente común, el blanco, el colorado, el frenteamplista, el nuevoespacista,
todos fueron en mayor o menor medida víctimas sorpresivas ante una situación
para la cual no estábamos preparados.
Los múltiples
problemas que debió afrontar el país, algunos procedentes de su propia realidad
interna, y otros del contexto exterior, fueron desacomodando a la gente.
Ese
desacomodo, ese estado de descontinentación interior, es quizá el tema que hoy
más nos preocupa, y sobre el cual quisiéramos inicialmente hacer algunas
reflexiones.
No era común
en el Uruguay, concurrir a tantas y tan diversas reuniones, en las que el
factor anímico predominante fuera tan bajo, el escepticismo tan alto y la
esperanza tan corta.
Algunos se
sintieron con más fuerza y pensaron que el camino de la solidaridad era la vía
adecuada para apalear, por lo menos transitoriamente, el infortunio de los más.
Pero los
estados, que son realidades vivas y dinámicas, no pueden permitirse por mucho
tiempo que el impulso emocional oriente sus acciones, no pueden permitirse que
las estructuras formales del estado asistan pasivamente a la percepción de su
propio deterioro, porque esta actitud individual y colectivamente es mala para
el estado, para la sociedad civil, y para el ser humano, en tanto que valor
individual original y único.
Paralelamente,
la familia, célula básica del funcionamiento social, comienza a descreer de los
valores que deben sustentarla, y así la interrelación entre padres e hijos
comienza a adquirir una distancia que en demasiados casos – y esto lo vemos
todos los días – termina en enfermedad.
Y a esa
enfermedad se le llama stress, y más recientemente sobrestress; y que es el
stress o sobrestress? Sin incursionar en términos médicos, algunos más, otros
menos, todos estamos estresados ante el fenómeno de la inseguridad, ante la
problemática de la incertidumbre, y ante el desvanecimiento de las fortalezas
morales y éticas que deben conducirnos hacia sentimientos en los cuales la
disposición al dar tenga más significación que la espera ansiosa del recibir.
En síntesis,
la sociedad uruguaya en su conjunto enfrenta una crisis en varias dimensiones,
pero lo que no debe perderse de vista es que crisis es cambio, y cambio no es
cualquier cambio.
Para los
blancos en particular, el cambio siempre se asoció con la lucha, con el compromiso,
y con el desafío. No es momento de claudicaciones, es momento de transformar al
partido en una herramienta generosa, altruista, y naturalmente solidaria.
No es solo
tarea de los dirigentes transferir aquellos valores que sacarán al Uruguay de
la presente situación; es también compromiso de todo nacionalista empezar a
decir esencialmente lo que siente sin que hoy importe tanto el virtuosismo de
la palabra; importa básicamente la
grandeza del gesto y la amplitud del espíritu. Si es que somos idea, y es que
la unión nos hará fuerza, creemos y utilicemos todos los ámbitos para expresar
a viva voz que existe un partido que por haber nacido con el país mismo, no va a dejar de fortalecerse precisamente
en los momentos en que el Uruguay más lo necesita
Hoy más que nunca, el compromiso como orientales nos identifica con el desafío como blancos.
Prof.
Julio Gabriel Elías.