Casi
enseguida de que se instaló la actual administración, el ingenio popular acuñó
la sentencia que luce en pegotines de
muchos vehículos a lo largo y ancho del País:”yo no los vote”
Quienes
no votamos al Frente Amplio, especialmente los mas vinculados a los partidos
tradicionales, fuimos los primeros en querer marcar distancia, a pesar de que
oportunamente ofrecimos nuestra colaboración para elaborar políticas de Estado,
cosa que fue despreciada por el gobierno.
Con
el paso del tiempo, empezó a decaer la popularidad y aprobación con las que se
inició el Dr. Vázquez como Presidente de la República. En poco más de doce
meses su aceptación se redujo en un tercio. Inicio su mandato con un apoyo de
más del sesenta por ciento de la ciudadanía, cuando la ultima medición
disponible, de hace mas de un mes y medio, señala que apenas poco más de cuatro
de cada diez uruguayos tienen un juicio positivo sobre el primer mandatario.
El descrédito se dio, a dos puntas.
Por
un lado, los que le “prestaron “su
voto se han visto decepcionados, por la falta de capacidad para gobernar de la
que hace gala el partido de gobierno.
Las
interminables disputas internas, sustanciadas en la falta de la más elemental
coincidencia que se puede reclamar en materia programática para quienes desde
distintos sectores integran un mismo gobierno, los han visto incurrir en la
contradicción y la inoperancia.
La
paciencia de los que esperaban los famosos cambios, se agota día a día.
Los
cambios no llegan.
Por
otra parte, los frenteamplistas
viscerales, tambien se sienten defraudados.
Es
que la aceptación por parte del Presidente Vázquez de que la política económica
es una suerte de continuismo de la aplicada por Batlle desde 2002, no hizo más
que agregar combustible a la hoguera de la intransigencia de los radicales que
reclaman que se remuevan las raíces de los árboles, como sutilmente prometieron
en el pasado cercano.
No
están contentos ni unos, ni otros.
Se
sienten defraudados por igual.
Es
que resulta muy evidente el apartamiento de lo que fue su plataforma pre
electoral. Lo del país productivo se parece cada día más a un cuento de hadas.
Lo
de los cambios radicales y las reformas estructurales, no llegó ni siquiera al
papel.
Pero
lo que resulta más impactante es la incapacidad del gobierno para lograr
consensos internos.
Los
ministros se pelean entre si por la política comercial, por la política
tributaria, por la política crediticia, y amagan a renunciar a razón de uno
cada quince días.
La
sensación de inoperancia ha hecho carne
en los que los votaron y los que no.
Habría
que mandar a hacer nuevos distintivos
que dijeran “Yo no los voto más”