Dejemos los niños en la calle
A
ver, por más que leo y releo las declaraciones del Director del INAU sobre el petitorio
del fiscal de Canelones acerca de que el INAU debe tomar cartas en el asunto de
los niños en la calle y darles amparo en la institución, sigue sin quedarme
claro como nos dice que “está convencido de que la internación de los niños en
situación de la calle no es necesaria ni útil”.
Sabrá
disculparme el lector si esgrimo mi opinión de que Víctor Giorgi
puede adolecer de algún mal mental o respondió en estado de ebriedad. Con el
respeto que me merece este docente, aunque lo considere un buen teórico de
facultad pero lejano a la cancha de la realidad, esperaba un poco más de
racionalidad en la respuesta.
Podemos
estar de acuerdo que la internación en el INAU entendida como “salir a recoger
niños” no es la mejor solución, pero ante la inoperancia del MIDES para atender
esta situación de contener los niños en sus casas, concurriendo a la escuela y
no siendo explotados por sus padres, barras, pandillas o simplemente por gusto
de ellos mismos deambulando en las calles, debe encontrarse una medida paliativa
para que el desarrollo, sobre todo mental, de esos niños retome un curso normal
y está claro que en la calle no lo será.
Es
cierto que el mal se remonta ya a generaciones, dos o tal vez tres, donde hijos
de hijos se desarrollaron en muchos casos en ese entorno de desamparo afectivo,
emocional, pero tampoco vaya a creer que lo económico es la base del problema,
por que de pobre a delincuente hay un trecho largo y de humilde pasar a no
querer trabajar o prosperar el trecho es mas grande aun. Muchas veces estos
niños no pueden encontrar un modelo a seguir o en quien reflejarse en sus
entornos más inmediatos y esto sin entrar en consideraciones como la
delincuencia instaurada en muchas de sus casas o entornos. Es decir que el
problema es casi endémico y muy complejo. ¿Pero mientras tanto qué?, ¿esperamos
reformar las generaciones futuras para que en algún momento cambie la
generación de niños por nacer en 30 años?. ¿Seguimos
dando dinero a las familias para vino, celulares, droga y timba como lo hace el
MIDES, …sin ningún estímulo al trabajo?, ¿algún día el asistencialismo
podrá controlarlo el MIDES y entonces sí poder ver algún resultado sobre estos
niños yendo a la escuela, comiendo bien y sano y creciendo como personas y no
deformándose como personas?.
¿Cuál
es el camino?, ¿dejarlos en la calle pensando que ayudando a las familias los
niños lograrán salir de las calles?. Este razonamiento
suena lógico, pero es teórico, teórico como todo lo ideado por Giorgi, en la realidad el MIDES ha sido un rotundo fracaso
en pretender asistir a las familias para que los niños abandonen las calles. Al
niño hay que atenderlo mas directamente no por reflejo o rebote de la ayuda a
su entorno, debemos estar más a su lado y en un trato directo con su
problemática.
Podemos
discutir si esa asistencia o ayuda la daremos en su entorno o en el INAU, pero
dejarlos en la calle no parece de ninguna forma algo racional. ¿Cómo espera Giorgi o el MIDES que esos niños dejen la calle?, ¿creen
que por que les pasan a los padres unos pesos de salario solidario el niño
retornará a su hogar?, pensar eso es sacar conjeturas detrás de un escritorio
sin ver más allá de las narices.
La
realidad y la vida de esos niños de calle tienen componentes muy complejos y al
estar afectados los valores de esos menores, la racionalidad y la moralidad no
son un punto que sirva de argumento para retornarlos a una casa con sus
familias, cuando no las familias mismas propician su situación de calle. Basta
ver las noticias de Paysandú estos días donde se da cuenta que padres y madres que
enviaban a menores de edad a la casa de jubilados el día de cobro a ofrecerse
para servicios sexuales.
La
moralidad ha caído en desgracia, antes uno hacía una picardía y andaba con la
cola entre las patas por que sabía que había roto una regla de convivencia, hoy
muchos de estos menores que delinquen basan su comportamiento en una moralidad
muy distinta y lo toman con suma naturalidad, entonces tratar de convencerlos
de dejar esa vida y la calle con argumentos de que “mirá
que ahora a tu familia le pagan $1500 y podes dejar la calle”, es un chiste
cuando ese niño en una noche factura entre $500 y $2000 en hurtos, arrebatos o
por la venta de drogas. Y si hablamos de los niños que solamente piden “la
monedita”, llegan a hacer hasta $8000 mensuales y con un mínimo esfuerzo no
pueden facturar menos de $1200 al mes ($2 x 20 personas x 30 días = $1200).
El
INAU se ha convertido en un centro de alojamiento transitorio, casi es un
hostal, su incidencia sobre la vida de los menores que atiende tiene muy pocos
casos de éxito entre sus innumerables “hogares” de internación. Muchos de los
cuales están trabajando a puertas abiertas por la incapacidad de contener a los
internados (“si te quieres quedar quédate y si no te vas”, dicen los
funcionarios a los menores).
Este
Gobierno nos ha tomado el pelo sobre la pobreza y para colmo nos mete la mano
en la lata y la corrupción está a flor de piel. Esta murga que nos gobierna es
una parodia de gobierno y su filosofía social y su teoría de eliminar pobreza,
niños en la calle, asentamientos, hambre, ha sido reemplazada por igual tasa de
desempleo, más asentamientos, mas emigraciones, mas golpes a la clase media,
menos molestias a la clase alta de verdad, no tocar a los enormes capitales y
una lista que podría continuar eternamente.
El
daño que le han hecho al país no será fácil revertirlo, pero todavía andan
algunos con ganas de festejar todavía.
Juan Vital.