Montevideo también es nuestra

 

Existen determinadas actividades que son comunes a todas las campañas electorales, es el caso de la presencia todos los fines de semana en la rambla de la ciudad y en  las ferias más concurridas de los jóvenes militantes, y las caravanas no son la excepción, por el contrario son todo un clásico a pesar de haber pasado el tiempo.

 

El último sábado los nacionalistas realizamos una que resultó ser una verdadera fiesta, sirviendo además  para dejar bien en claro ante la opinión pública en general que el crecimiento del partido en la capital no es únicamente una expresión de deseo sino una feliz realidad.

 

Esta clase de movilizaciones multitudinarias, creo que no solo son una alegría para los blancos sino me atrevería a decir para los montevideanos todos quienes ven en nosotros al partido que será capaz de disputar el gobierno capitalino a quienes lo detentan desde hace ya tres lustros y sinceramente no han colmado las expectativas de propios ni  extraños sin temor a equivocarme, por el contrario han utilizado sus sucesivas administraciones para crear una estructura monstruosa que ha hecho del  municipio un homenaje a la burocracia siendo este  totalmente ineficiente y por demás oneroso. 

 

Mas allá de estas referencias sobre la situación en el gobierno de la ciudad  hay ciertos comportamientos en esta campaña que se contradicen con la tradición pacífica y tolerante de nuestra gente.

 

No se puede compartir la actitud que toman la gran mayoría de los simpatizantes de cierto  partido político quienes se creen con el derecho de agredir y provocar gratuitamente a todos los que pensamos distinto a ellos y lo hacemos saber como corresponde. Se me ocurre que a toda esta gente debemos hacerle entender que estamos en una democracia donde podemos expresarnos libremente sobretodo respetando a los que piensan de otra manera.

 

Lamentablemente estas personas se disgustan cuando los nacionalistas por ejemplo salimos a la calle con nuestras banderas celebrando el hecho de tener el mejor candidato  y de vivir en un país libre donde podemos elegir nuestros gobernantes. Lamento informarles a todos esos intransigentes que estas son las reglas de juego en Uruguay, los que no estén de acuerdo con esta practica, van a tener que viajar a una isla caribeña donde seguramente estarán muy a gusto porque no hay lugar para  dos opiniones. .

 

Carlos D Aguirre