Cada día peor

 

El Frente Amplio nunca imaginó un cierre de campaña como el que está viviendo. Nunca imaginó que el contendor de turno fuera un Partido Nacional renovado, retemplado y con la frente bien erguida como el que amenaza su desvelo de llegar al poder por cualquier mecanismo. Nunca imaginó enfrentarse con banderas celestes y blancas flameando en todo el país, y ni por asomo imagino una ciudad de Montevideo tan reluciente en los colores nacionalistas como la que hoy se observa.

 

El plan de la izquierda era llegar a esta instancia a lo Lula, despegados en las encuestas y con la elección definida, y de esta forma adelantar la transición de su gobierno lo más ordenada posible. Para ello contaron con la infame ayuda de una crisis sin precedentes que arrastró a tirios y troyanos a una debacle económica de la que no se escapo uruguayo alguno. Calculadora en mano empezaron a repartirse ministerios, mientras la corrida bancaria calaba hondo en los sectores más sumergidos de nuestra sociedad que no entendían como se empobrecían sin haber pisado ni un banco en toda su existencia.

 

Salvo Astori, y Seregni el resto de la izquierda se frotaba las manos mirando ese caldo de cultivo que pensaban cosechar políticamente para llegar a su omnibulado sueño de poder llegar al Poder Ejecutivo.

 

Pero para su desgracia todo se modificó, la interminable entereza de los uruguayos permitió que se pasara del infierno al purgatorio, alcanzando nuevamente la competitividad perdida que prendiera los motores de nuestra maquina exportadora, acostumbrándonos a que se puede vivir sin las diez cuotitas que nos enterraban en deudas superfluas, y que la condición humana e intelectual de nuestro pueblo se revalorara rápidamente para la instalación de inversiones antes inimaginadas.

 

Por eso llegamos al día de hoy con la elección sin definirse, y por eso están los frentistas tan descolocados, ya que no encuentran otra estrategia que la de salir a enchastrar la cancha, sin la valentía de dar la cara en un debate y atacando sin pudor alguno elementos nunca vistos en la historia política nacional.

 

 Por delante asistiremos a una campaña feroz, donde paradójicamente se dejen de lado las angustias de la gente para priorizar el ataque rastrero a la construcción del Uruguay del siglo veintiuno. Seguirán apareciendo las banderas del Frente Amplio en las manifestaciones fascistas que no dejan expresarse en determinadas zonas de Montevideo ideas contrarias a las que ellos sostienen. Seguirá consolidándose el resentimiento convertido en ignorancia como el vivido en ocasión de inaugurarse un nuevo puerto en una de las localidades con mayores índices de desempleo y mayor desintegración familiar, que provoco que la fiesta lógica que todo cerrense debía celebrar por la llegada de cientos de puestos de trabajos genuinos se trasformara en un escenario sesentista en pleno año 2004.

 

 

Aumentarán las presiones a los vecinos que en determinados barrios de la Capital del MERCOSUR se nieguen a embanderarse, y se perfeccionaran los piquetes para que  el día de la elección no se puedan trasladar pacíficamente los ciudadanos  que quieran ejercer soberanamente su opción política.

 

Seguirán temiendo a la fibra de nuestra colectividad, nuestra pasión sacramental del respeto a  las libertades cívicas, nuestras firmes convicciones para discutirlas con quien sea y en donde sea que colaboren para que el Uruguay sea un país más justo y por sobre todas las cosas temblaran con el temple blanco que quiso el destino que se ponga a prueba a cien años de la gesta saravista que el Frente sabe, que es indoblegable a la hora de defender los valores que nos definen como nación.

 

Hemos perdido las esperanzas de tener una campaña civilizada, esperando estamos los ataques, y prontas estas las respuestas, para ver si aunque sea por nuestro esfuerzo logramos trasformar el insulto en esperanza.  

 

Sebastián da Silva