Madre,
yo al oro me humillo;
él
es mi amante y mi amado,
pues,
de puro enamorado,
de
contino anda amarillo;
que
pues, doblón o sencillo,
hace
todo cuanto quiero,
poderoso
caballero
es
don Dinero.
Francisco
de Quevedo.
El
proceso de discusión acerca de la conveniencia o no de derogar la ley que
autoriza a ANCAP a asociarse con privados, parece tener innumerables aristas,
así como inexplicables acciones de quienes sostienen una u otra posición.
En
el artículo de la semana pasada nos explayamos acerca de las afirmaciones del
Dr. Vázquez acerca de la naturaleza jurídica del negocio propuesto por la ley y
la polvareda y polémica que levantaron esas declaraciones, en especial dentro
de su propio partido político. Asimismo hicimos referencia a lo inoportuno del
aviso publicado por ANCAP en distintos medios de prensa, más allá de estar de
acuerdo o no con el contenido del mismo, en el entendido de que el foco de la
discusión que se estaba centrando en los dichos del Presidente del Encuentro
Progresista, se iba a trasladar, hecho hoy fácilmente constatable, a aspectos
formales, no vinculados al contenido de la ley. La izquierda, en una maniobra
inteligente, no dejó pasar el acontecimiento, y en estos días el Senado de la
República va a perder el tiempo interpelando al Ministro de Industria, mientras
los uruguayos continúan en un estado de ignorancia generalizada.
Lo
cierto es que en esta última semana, actores políticos han dado su visión del
tema, así como también los distintos medios de prensa, de acuerdo cada uno a
sus tradicionales posturas, por medio de sus editorialistas. Respecto a esto
último se han dado fenómenos altamente curiosos y que no es bueno dejar pasar
porque marcan contradicciones bastante difíciles de entender. En los números de
“Brecha” y “Caras y Caretas” ( publicaciones de marcada afiliación izquierdista
) del viernes 3 de octubre se afirma acaloradamente la inconstitucionalidad del
aviso publicado por ANCAP, que no dudan en publicar en ese mismo número en
páginas centrales y, en el caso de “Caras y Caretas”, a todo color.
A
nadie escapa la trascendencia del aporte del Estado en el sustento de una
publicación mediante el ingreso de la publicidad, pero resulta escandalosamente
contradictorio el dar a publicidad algo que se sostiene es ilegal, por el solo
hecho de no perder un beneficio de tipo económico. “ANCAP no se vende al bajo
precio de la necesidad”, es la consigna de algunos. Parece no ser la de todos.