Azúcar amargo

 

 

Este gobierno progresista en  una actitud paradojal, que ha sido casi su marca de fábrica,  involucionó a nuevamente intentar el cultivo de caña de azúcar en el departamento de Artigas, proyecto ya fracasado en el pasado.

 

La razón del fracaso no obedece a buenas o malas administraciones, a buenas o malas estrategias de producción o comercialización, a buenas o malas cosechas, a buenas o malas decisiones técnicas, obedece inexorablemente al clima.

 

Si bien el norte del país se acerca a las temperaturas que requiere el cultivo de la caña de azúcar, no es el que este vegetal necesita para su pleno desarrollo y por ende a su rendimiento económico viable.

 

¿Por qué no plantamos ananá en Uruguay o palmitos? muy fácil: no tenemos el clima tropical que requieren esas plantas.

 

La pregunta que surge es ¿por qué volvemos a tropezar con la misma piedra?

 

Y la respuesta es fácil: por negligencia política.

 

El Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros (MLN), que tanto le costó a los uruguayos de todos los rincones del país, tuvo su inicio en los cañeros de Artigas de la mano de su líder histórico Raúl Sendic, hoy su hijo desde ANCAP pretende agradar a la memoria de su padre y a las reminiscencias perimidas de su proyecto político, reviviendo la actividad de esos cañeros que hoy no tienen cabida en la producción real del agro uruguayo.

 

Esta aventura política del “hijo de Sendic”, nos cuesta mucho a los uruguayos.

 

Miles de dólares en propaganda para imponer un producto comercial nuevo (Azúcar Bella Unión), millones de dólares en inversión para revivir una actividad fenecida hace años y otros  millones más en subsidios para hacer falsamente viable esa actividad económica. 

 

Hoy se anuncia que la actual cosecha no dio los rindes esperados; que sorpresa  para el presidente de ANCAP, por que para el resto de los uruguayos estaba claro que la caña de azúcar en el norte uruguayo es más los años que fracasa la cosecha que los que reditúa.

 

Sorprendió el ente que apadrina el azúcar más caro, anunciando una nueva subvención de entre 4 y 5 millones de dólares, para solucionar esta vicisitud de la actual cosecha; y los uruguayos seguimos pagando los delirios de recetas perimidas hace tiempo, y proyectos  políticos personales, con los dineros públicos.

 

Si la montaña de dólares, se hubiera invertido en actividades agropecuarias rentables en esa zona del país y que absorbieran también mano de obra, seguramente el destino de esos improvisados cañeros de hoy, tendría un futuro posible para ellos y sus hijos y no esta lotería climática que no da seguridades a nadie y pérdidas a todos.

 

El progresismo, en este tema como en tantos otros, sigue con los ojos en la nuca, añorando recetas obsoletas y que no nos conducen al Uruguay del futuro, del bienestar y el trabajo legítimo y no al de la dádiva, que lesiona  el orgullo de quien la recibe y destruye la cultura del trabajo.

 

No solo no hay que dar pescado y si enseñar a pescar, también hay que dar el río donde hacerlo y eso se llama oportunidades, este gobierno hoy eso no lo está haciendo.

 

Cuando Ud. endulce sus alimentos con Azúcar Bella Unión, sepa que es trampa al solitario y que ya hemos tenido demasiado de promesas imposibles; pongamos proa al país real, al país de la responsabilidad, al país del coraje político para hacer lo que hay que hacer y no lo que resulta electoralmente rentable, al país del Partido Nacional, Ud. ya lo vivió y sabe que es posible. En sus manos está.

 

 

Javier Sala.