La educación y las costumbres

 

Siempre se destacan dentro de las distintas culturas y sociedades determinadas características que las definen. Una de estas características que nos definen a los uruguayos es el arraigo por ciertas cosas y costumbres que se han hecho constantes con el paso del tiempo. El convencimiento de que estas cosas deben repetirse por las nuevas generaciones es, sin duda, compartido por la juventud. Pero curiosamente los jóvenes nos hemos adherido a la aceptación y valoración de algunas de estas costumbres pero de otras no.

 

Cuando uno piensa en cuales son estas características que los jóvenes hemos adquirido de quienes nos educaron, se nos ocurre que deben ser la defensa de nuestras tradiciones, el amor por la patria, el respeto por las minorías y por las opiniones contrarias a las nuestras, etc. Lamentablemente notamos con preocupación que esto no es tan así, y que la realidad parecería ser otra.

Las costumbres e iconos generacionales que se manejan entre los jóvenes en vez de definirnos e identificarnos parece ser que nos separan y nos encasillan colocándonos entre quienes respetamos y valoramos lo que hemos aprendido y los que no.

 

La juventud de nuestro país, por ejemplo, es conformada en su gran mayoría por gente que quiere superarse y que quiere seguir una carrera o una profesión, y que sabe que esto solo se puede conseguir por medio del estudio y de la dedicación; y esto es una característica y una costumbre que por suerte se ha transmitido de generación en generación. Sin embargo existen ciertas minorías que contrarias con esta forma de actuar y de pensar, se ocupan únicamente de obstaculizar a quienes queremos estudiar y de interrumpir y hacer más engorrosa aún la ya difícil situación de la educación pública.

 

Cuando se entra en el período de votación de la rendición de cuentas surge entre los estudiantes la preocupación de encontrarse con una huelga universitaria o liceal que los tenga fuera de las casas de estudio y que perjudique enormemente sus posibilidades.

 

Esta preocupación se da porque las últimas veces esta situación se hizo realidad y las huelgas (sin apoyo de la mayoría de los estudiantes) efectivamente se han realizado.

En esta oportunidad debemos hacer todos los esfuerzos posibles para que en esta rendición de cuentas no tengamos que soportar  una nueva interrupción de la actividad estudiantil. No podemos permitir que esto se transforme en una costumbre.

 

Debemos apelar a lo que tradicionalmente ha sido la forma de actuar que nos ha caracterizado a través de los años y defender nuestro derecho de estudiar e impedir que estas minorías, que no le aportan absolutamente nada a nadie, puedan dañar a todo el cuerpo estudiantil. La defensa de este derecho es la costumbre que se nos ha transmitido y que debemos defender para que siga siendo tomada como ejemplo.

 

Debemos cuidar las cosas que nos definen como generación y como integrantes de una sociedad tan rica como la nuestra, y no permitir que estas corrientes de pensamientos obsoletos, agresivos y engañosos sigan impulsando la apropiación, distorsión y la corrompedora transformación de los iconos generacionales y tradicionales que nos definen, en ideas que nos atrasen y nos sectorializen.

 

Guillermo Cal