CRÓNICA DE
UNA HUELGA ANUNCIADA
No por muy empleado este título de García Márquez, deja de ser adecuado en esta oportunidad.
En vísperas de enviarse por el Poder Ejecutivo al
Parlamento la rendición de cuentas, todos los uruguayos presenciaremos una vez
más la gimnasia política del sindicalismo vernáculo: huelgas en todos los
ámbitos funcionariales del Estado y particularmente de la Universidad de la
República. Es una fija.
Ahora las preguntas que se plantean de este
comportamiento son: ¿qué lo motiva aparte de la oportunidad de tratarse por los
legisladores los gastos del Estado? ¿qué resultado real tiene una práctica tan
inveterada como ineficiente? ¿qué representatividad tienen quienes la
promueven? A estas y otras preguntas trataremos de abordarlas en el presente
artículo.
Es por todos conocido que el movimiento sindical en
el Uruguay es un brazo político del Frente Amplio, camuflado detrás del
gremialismo y que obedece en primera instancia a los intereses del conglomerado
de izquierda y residualmente a los intereses de los asalariados. Por lo tanto,
todos estos paros que se realizan durante la rendición de cuentas, tienen como
motivo principal deteriorar la imagen del gobierno de turno y no como se quiere
hacer creer a la opinión pública, el llevar adelante las reivindicaciones
saláriales de los empleados públicos. La misma mecánica aplican en los paros
generales, ya nadie sabe ni por que se realizan, solo se trata de maltratar la
imagen del gobierno.
Lo que confirma lo dicho es que hasta ahora, no he
visto al gremio de los municipales de Montevideo realizar paros a la I.M.M.
cuando esta envía a la Junta Departamental su rendición de cuentas. A lo sumo
alguna manifestación en el edificio de 25 de Mayo y Juan Carlos Gómez, como
para salvar las apariencias.
Lo más vistoso de esta práctica ocurre en la
Universidad de la República, donde los estudiantes de la mano de los
funcionarios realizan puntualmente una
huelga por rendición de cuentas, con el agregado de que las autoridades de la
gran casa de estudio no les descuentan los días de paro ¿Cómo lo van a hacer?
si tanto jerarcas como gremialistas pertenecen a la misma filiación política y
esta conducta sindical beneficia a su mentor: el Frente Amplio.
Otro de los temas es ¿qué representatividad tienen
estos autoproclamados dirigentes gremiales?
En la Universidad cuando un grupo de estudiantes
planteó que las medidas gremiales fueran propuestas de soluciones al Poder
Ejecutivo y no mecánicamente una huelga, que además de no cambiar nada afecta
el año curricular, e insistieron en plebiscitar esta última, presenciamos
ridículas excusas que lo único que pretendían eran no permitir a la gran masa
de estudiantes, que no están representados en esos gremialistas politizados,
expresarse legítimamente, es decir miedo a la democracia y dictadura de la
dirigencia sindical no electa por voto universal.
Lo tragicómico de esto, es que los mismos
sindicalistas validan y promueven el voto popular cuando de derogar medidas de
gobierno (ANTEL, ANCAP, etc.) se trata, pero cuando de sus acciones hablamos
las reglas cambian. Digamos simplemente: doble discurso, al que tan
acostumbrados nos tiene su hermano mayor, el Frente Amplio.
En el plano de los trabajadores, sabemos que están
afiliados al PIT CNT como mucho el 10% de los asalariados y si sacamos a COFE,
esto se reduce al 2% aproximadamente. Es decir, los sindicalistas llevan
compulsivamente a la huelga, por que el transporte para, que sino los paros
serían grandes fracasos, a un 90% de personas a las que no representan y lo que
es peor, con esos paros mecánicamente aplicados como gimnasia política de la
izquierda no consigue nada, bueno algo si consiguen que todos pierdan el
salario de un día, que nadie se los devuelve.
En definitiva el movimiento sindical uruguayo está
a años luz de lo que debe ser una organización en defensa del derecho de los
trabajadores: los llevan a huelgas en beneficio de un partido político, no
consiguen ningún tipo de resultados positivos, les hacen perder salario, abusan
del paro que es él último recurso del trabajador y de paso lo debilitan como
instrumento válido de lucha gremial, gastan los recursos sindicales, humanos y
monetarios, en plebiscitos con fines políticos, pero reniegan del voto popular
cuando de juzgar su proceder se trata,
en fin quizás algún día la clase sindical de nuestro País tenga un poco de
autocrítica y empiece a depurar de su accionar todo esto, que a los ojos de un
trabajador independiente es una vergüenza nacional.
Arq. Gustavo Barrios