No entiendo lo que pasa
Quizás no disponga del
conocimiento y de los elementos que me ayuden a comprender e interpretar la
realidad de este Uruguay 2007. No entiendo, no comprendo cómo en el año que nos
va mejor en la historia del último siglo, nos está yendo peor. No entiendo cómo
cuando nuestras exportaciones no cesan de crecer y los precios que se pagan por
nuestros productos (carnes, granos, lácteos, etc.) cada día son más altos y
llegan a record históricos, es ahí que entonces se me explica desde el gobierno
que es por esa causa que nos va mal.
Así, escucho con oídos
grandes y veo con ojos de incredulidad a nuestro inefable Ministro de Ganadería
que quiere hacerme entender que la carne está cara porque el país está ganando
mucho con las exportaciones. ¿No se le habrá ocurrido a este ministro y al de
economía que con ocho mil pesos es imposible vivir? ¿No tendrán un momento de
lucidez para ver las cosas a la inversa, verlas como las ve el trabajador?; es
sencillamente que el problema no es que la carne esté cara, sino que los
salarios son extremadamente bajos.
Ahora estamos entendiendo que
el mal que hemos adquirido con la carne es contagioso. Se ha contagiado a la
harina, al pan, al aceite y se está contagiando a la leche. Frente a esta
epidemia de carestía el remedio que se intenta aplicar es el control de los
precios y la presión sobre los productores, como si esto hubiera dado resultado
en algún lugar del mundo. Y, de paso, ataque a la prensa por mostrar la
realidad tal cual es. Esto es el paradigma del voluntarismo.
¿Qué se está haciendo con esa
inmensa cantidad de dinero que ingresa al país debido las condiciones
extremadamente favorables para nuestra producción?
¿Qué hace el Estado con todo
lo que está recaudando a través de esta brutal carga impositiva a la que
estamos sometidos los ciudadanos?
El I.V.A.
bajó un punto y a él se le agregó el impuesto a la renta. El monto no imponible
de éste último define la concepción que éste gobierno tiene respecto a cómo
debemos vivir los uruguayos. A partir de ocho mil pesos se tiene renta en este
país y, por lo tanto, debe aportar. No importa si no le alcanza para comprar
grasa y hueso con un poco de carne o la hamburguesa (la famosa comida chatarra),
que ahora es ofrecida teniendo el doble de grasa que las otras. Así es que,
grandes sectores de nuestra población no pueden salir del nivel de la grasa y
el hueso ya que no alcanzan a la aguja, a la paleta con hueso o a la carne
picada, porque ahí la voracidad del fisco es implacable y no se puede reducir
el I.V.A.
Pero de lo que sí entiendo es
que estamos comprometiendo seriamente nuestro futuro porque en ese sector de la
población, que así se alimenta, abundan los niños. Esa forma de alimentarse
seguramente es un factor no despreciable de reproducción de la pobreza. ¿Qué
desarrollo físico e intelectual puede adquirir un niño con esta alimentación?
También entiendo acerca de la
incapacidad para resolver los problemas de nuestra niñez y que formaron parte
de las promesas preelectorales. Aún siguen en las calles pidiendo, sin
enterarse que llegó el cambio. Aún están ausentes de las pobres escuelas
muertas de frío, con techos que se llueven y con maestros con salarios de
hambre. Nadie les dice que llegó el cambio.
Parecía elemental que las
escuelas fueran un ámbito de contención de nuestra niñez desposeída y de
irradiación de valores hacia ellos y sus familias. Fueran un lugar donde se los
alimentara convenientemente y se les diera la atención y la instrucción según
los requerimientos y las necesidades de su estado socioeconómico y cultural. La
famosa equidad es tratar desigual a los desiguales.
Por eso nuestros niños de los
sectores más carenciados deberían haber recibido todo
el esfuerzo que la sociedad está en condiciones de realizar, con la mente
puesta en tratar, por todos los medios, de cortar el círculo vicioso de la
pobreza y su reproducción. Para ello, la escuela pública, laica, gratuita y
obligatoria deberá ser uno de los grandes ejes de las políticas sociales.
Florencia
González.-
Juventud
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