Parece
que además de la reforma fiscal se nos viene otra: la de la salud.
Debo
ser sincero, pensé que solo iban a hacer la primera, como forma de conseguir
recursos para el carnaval electoral del 2009 y que el resto de lo prometido a
sus votantes iba a quedar en el olvido, como todo lo
que dijeron durante 30 años que iban a hacer y hoy no hacen o emprenden todo lo
contrario.
Igualmente
la esperanza es lo último que se pierde y puede que todavía no se realice la
dicha reforma, por que ya hay voces dentro del Frente que quieren postergarla y
otros que no.
Al
final aburren con tantas contradicciones, idas y venidas.
¿No
se dan cuenta, no les importa, se sienten políticamente impunes o simplemente
son incapaces de gobernar seriamente? Respuesta no hay; desde que comenzó el
gobierno progresista esta es la tónica del Poder Ejecutivo y parece que va a
seguir así.
Pero
el tema es la posible reforma de la salud.
Que
la salud está en crisis, la pública y la privada, nadie lo discute y que hay
que tomar medidas tampoco, pero de ahí a modificar lo que mal o bien funciona,
entiéndase el sistema mutual, para que se termine de destruir, nos parece un
error imperdonable.
En
resumidas cuentas lo que se pretende es
que todos los asalariados, públicos y
privados, además de los descuentos que ya tienen y le agregaron con la
reforma tributaria, se les incorpore otro más para el pago del sistema nacional
de salud: un 6% de sus ingresos, paguen ó no sociedad médica en forma
particular.
Con
esos dineros se creará un fondo para pagar las prestaciones de salud, dándole
al usuario la opción de atenderse en el sistema público o privado. ¿En que
termina esto? En el vaciamiento del sistema público y la superpoblación del
sistema mutual o Ud. optaría por atenderse en Salud
Pública en vez de
Consecuencias:
colapso:
Superpoblación
del sistema privado, ya lo dijimos.
El
Estado pagará la atención de los usuarios dentro del sistema mutual y ya
sabemos como paga el Estado, mal, tarde o nunca; resultado, las financias de
las mutualistas, ya de por sí débiles, defenestradas definitivamente y fundidas
a corto o mediano plazo perdiendo un prestador de salud que hoy cubre a una
parte de la población.
El
aparato de atención medica pública vacío de usuarios y pagando salarios a todos
los funcionarios públicos de la salud que no tienen mucho que hacer.
Gasto
innecesario por un lado y mal pago por el otro.
Fin
de la historia: desmantelamiento de los prestadores de salud privada y en unos
años solo restará la salud pública para todos y ya sabemos como es eso.
Esto
es emparejar para abajo, eso es la búsqueda de la ineficiencia, eso es el
proceso de empeoramiento continuo, perdón a los señores de las normas ISO por
usar en contrario sus enunciados.
Pero
desgraciadamente no estamos haciendo hipótesis, en países desarrollados como
Francia, Canadá y los Países Nórdicos, se implementó este tipo de sistema, y eso
que esos estados son económicamente más solventes y efectivos en sus pagos que
el nuestro. ¿En qué terminó todo? En que el sistema no funciona y el Gobierno
tiene que subvencionar toda la salud con más dinero de los contribuyentes.
Señores, en el mejor de los casos terminaremos así poniendo en vez de un 6%,
quien sabe cuanto por la ineficiencia estatal y la falta de criterio del
llamado progresismo vernáculo.
No
sería mejor que los trabajadores optaran por el 6% de descuento si quieren
atenderse en salud pública o sin descuento y pagar de su bolsillo y con su
esfuerzo, según su leal saber y entender la institución privada que quieran.
Eso si, obligatorio, una opción u otra. De esta manera el sistema público
recibirá más ingresos y el sistema mutual seguirá funcionando medianamente como
hasta ahora. Además adiós a mendigar el carné de pobre para atenderse en los
hospitales, la base de datos daría inmediatamente si se tiene derecho a la
atención.
Seguramente, el tema es
más complejo que esto y tiene muchísimas puntas más, pero en grandes rasgos lo
propuesto por el Gobierno Frenteamplista, como tantas
otras cosas de su cosecha, parece irrisorio y poco realista, sacado de la
teoría más que de lo posible, como han sido todas sus propuestas a lo largo de
treinta años. El tema es que ahora las cuentas de vidrio y los espejitos de
colores no sirven más, ahora las cosas son contantes
y sonantes y de eso no tienen idea.
Pero la factura la pagamos
todos.
Festejen uruguayos,
festejen, queda poco más de dos
años. En ustedes está.