DEMASIADAS INTERROGANTES

 

 

¿Cómo podríamos definir a un partido o fuerza política que durante muchos años ha tenido como bandera el 4,5% del P.B.I. para la educación, y ha contribuido a convencer a grandes sectores de la juventud y de la ciudadanía,  que en la sociedad convivían grupos o partidos reñidos con el bien común y que, por lo tanto, nunca habían hecho honor a esa bandera?

 

¿Qué podríamos pensar de ese partido o fuerza política que no hace mucho apoyó la convocatoria al cuerpo electoral para que impulsara un plebiscito por el cual se establecía la obligación constitucional de otorgar un 4,5% del P.B.I. para la educación, y criticó duramente a otros partidos que no apoyaron esta medida?

 

¿Cómo es posible que hace menos de un año, ese partido o fuerza política, haya prometido en su campaña electoral otorgar el 4,5% del P.B.I. para la educación; y hoy pretenda que grandes sectores de la ciudadanía puedan ser confundidos con: quizás; es probable; no sabemos si podemos; o, si nos va muy bien y podemos pagarle todo a los organismos multilaterales de crédito; entonces, pensaríamos, seriamente, en alcanzar ese guarismo?

 

¿Cómo podríamos definir a un gobierno en el cual su primera figura, es decir, el Presidente, sólo 48 horas antes de vencer el plazo constitucional para presentar el presupuesto dice entonces que ha recordado dicha promesa?

¿Eso es irresponsabilidad mayúscula?; o ¿deberíamos creer que estamos gobernados por un Presidente que desconoce la compleja arquitectura y la necesaria armonía de un presupuesto?

 

¿Por qué los formadores de opinión, los intelectuales, los docentes y en general los sectores vinculados a la educación no han hecho oír su voz para aclarar los términos de esa propuesta presupuestal condicionada a resultados favorables en más de un elemento de la economía? Si el 4,5% era una definición de principios, ¿cómo entonces, está condicionada a dudosos resultados de la economía?

 

¿Estaremos solamente ante una expresión del voluntarismo político, tolerable en la oposición, pero riesgoso en el gobierno?; o, ¿estaremos dando por sentado que la hipocresía colectiva de los sectores vinculados puede amparar esta falta de consecuencia?

 

Finalmente, ¿podremos tener la esperanza que todavía hay tiempo para una expresión de sinceramiento, humildad y honestidad y se diga, claramente, que, como antes, ahora también es muy difícil alcanzar dicho porcentaje y; que fue un error haber prometido lo que no se podía cumplir?

 

No quisiera que las respuestas que pueda obtener para éstas preguntas me conduzcan a la conclusión que sólo es pura demagogia.

 

Florencia González

Juventud 903