Cárceles: entre luces y medias sombras

 

 

 

No hay ninguna duda que lo visto y oído en programas de televisión esta semana sobre la realidad de los presos en el Uruguay es digno de haber sido filmado en las cárceles de presos políticos cubanas. Hemos quedado de boca abierta todos y por más que uno pueda hacerse alguna idea de la realidad allí dentro, el atropello a los derechos de esos individuos es infame.

 

Del otro lado, pues radicales hay en todas las veredas, se pone por delante los derechos de los que estamos fuera de las cárceles y que hemos respetado el estado de derechos del prójimo o su propiedad y por ello permanecemos libres. En este sentido se alude a que la condición de los presos es, sino apropiada, nada puede pretenderse para quienes son delincuentes. En definitiva una postura insostenible e impensable de mantener.

 

Es impostergable la mejora de las condiciones de vida de esas personas, así como lo es la regulación y contralor de las cárceles en términos claros y guardando un estado de funcionamiento acorde a un país, no sólo de plena condición democrática, sino para implementar un sistema de gestión eficiente y aplicando métodos de rehabilitación que hoy brillan por su ausencia.

 

Y aquí quiero hacer la salvedad que si bien desde el gobierno no se ha instrumentado una plan para implementar métodos de rehabilitación acordes y actualizados, desde las propias filas de los funcionarios policiales de cárceles, más allá de las condiciones de trabajo, no se distingue un ápice de intento por aplicar cierta metodología que permita una mejor convivencia, una mejor integración entre personal y reclusos, etc. Da la triste impresión que tanto reclusos como personal de cárceles está dejando transcurrir la situación en pos de un deterioro insostenible que haga estallar una alarma (que ya es), para originar un cambio de base, ¿era esta la única solución?, ¿no había otra forma de lograr cambios salvo dejando desmoronar el sistema carcelario hasta el fondo?, ¿no había otra forma que dejar que en cada motín se destruyera la propiedad de todos los uruguayos (por que en definitiva nosotros somos quienes las pagamos), para después hacer la telenovela que vimos durante meses y ver a los reclusos pasar de delincuentes y “demoledores” a pobres víctimas de las condiciones de vida?.

 

Ahora la solución es liberar a unos 700 presos, ya no importa las condiciones y requerimientos que se discutieron por largo tiempo de cuáles serían los liberados, luego de varios desaciertos y barrabasadas de este gobierno para determinarlos, la ley se voto (¿se votó o vimos robots levantando manos?) en debates que llegaron a durar menos de 3 minutos (¿será un record Guinness?). Lo que ahora debe importarnos es que serán liberados, pero por otro lado hay un argumento que ni el propio gobierno pude rebatir, el tiempo que le llevará a la justicia analizar y liberar a los 700 presos, dicen que a razón de unos 5 por mes, y aunque fueran 50 por mes, sería un burdo intento de descongestionar las cárceles ya que en el tiempo empleado ingresarían más reclusos que los que saldrían.

 

Realmente es la aplicación del populismo “parcial” para con un sector de la sociedad, en la manera más tonta posible. Es como si agujereara Ud. una botella para vaciarla con una aguja y por el pico pusiera un embudo para verter más agua. Indudablemente desbordaría la botella antes que comenzar a vaciarse.

 

Pero, ¿quién sabe?, a lo mejor entre los liberados está el próximo Presidente de la República y sus ministros. Es una de las posibilidades, por que para fantasear, no pretenderé ser tan experto como este gobierno, pero me permito estas licencias.

 

Y para finalizar, lo prometido es deuda, ya estaremos en el próximo número con la segunda parte de la Ley de Presupuesto, una telenovela a parte y una piel de cordero que esconde mucho más de lo que aparenta.

 

Juan Vital