El gobierno remitió un proyecto de presupuesto
nacional que no cierra desde ningún punto de vista.
No cierra el presupuesto con lo que deben ser las
expectativas ponderadas de lo que la evolución de nuestra economía puede ofrecernos.
El mismo se basa en la hipótesis optimista de que a lo largo de todo el período
el crecimiento será sostenido y, además se dará con el ritmo con el que nuestra
actividad se ha venido recuperando luego de la peor de las crisis de nuestra
historia moderna.
Ojalá crezcamos mucho y por mucho tiempo. Pero por si
eso no se da, no vendamos la piel del oso antes de darle caza.
El gobierno se compromete a aumentar en cerca de
quinientos millones de dólares las erogaciones, haciendo base en el crecimiento
estimado. El problema es que si en el futuro, el producto interno bruto, y por
consiguiente, la recaudación, no crecen como se espera, difícilmente se podrá
sostener el modelo. Si no crecemos, vendrá o más inflación, con la consiguiente
pérdida de valor de los ingresos de los ciudadanos, o más endeudamiento,
extremo particularmente riesgoso para el Uruguay de hoy.
No cierra el presupuesto, tampoco, con lo prometido
por el gobierno hace menos de un año cuando, cual canto de sirenas, se
aseguraba una verdadera transformación hacia un país progresista de cielos
azules, aguas cristalinas y prosperidad avasallante. Especialmente no cierra
con lo que se aseguraba en materia de dotación presupuestal para la enseñanza
del orden del 4,5 del PBI, a la que, sin ninguna duda, no se va a llegar con
este modelo.
No hay, en la ley que regula toda la actividad
económica privada y pública, nada que permita identificar un cambio de rumbo,
por mas imperceptible que este pueda ser, respecto de la conducción económica
de los Ministros de Economía de los últimos veinte años. Atrás en un rincón olvidado, queda el sonsonete de
que “todo cambia”.
Por último, no cierra, el presupuesto, y esto es lo
peor, con lo que el País necesita. El Uruguay debería frenéticamente buscar la
solución de atender sus desafíos en cuanto a ser capaces de resolver sus
dificultades de generación de recursos, creando riquezas y buscando la justicia
en su distribución.
Eso no se consigue con más de lo mismo. Más costo del aparato estatal. Más costo país. Más dificultades para atraer inversión para que genere actividad, empleo y justicia.
Este es un presupuesto que no plantea ninguna reforma
estructural que apunte a resolver nuestros problemas, ni los de corto ni
mediano ni largo plazo.
Este presupuesto no cierra, porque no es el que se va
a aplicar, ni el que prometieron, ni mucho menos el que el País precisa.
Alvaro Alonso