Llegó
con los bolsillos llenos de dólares el Presidente Chávez, al que sus seguidores
ya proclamaron para que siga al frente de su país, Venezuela, hasta el año
2030.
Con
la soberbia tradicional de los que apelan al autoritarismo como forma de
gobierno, vino a comprar cosas que
pueden resultar muy caras para los Uruguayos.
Con
cuarenta millones de por medio, dio discursos, recomendaciones y muestras de
pertenecer a una cultura muy diferente
a la que por acá estamos acostumbrados a tener.
Da
para pensar.
Que
este frustrado golpista, que controla la totalidad de un congreso de dudosa
legitimación representativa, que se encuentra abocado a desarrollar un eje
político y económico para enfrentar a
los países mas desarrollados del continente, nos quiera involucrar en su
aventura, es, por lo menos, sugestivo.
Más
lo es si vemos que Venezuela registra los peores indicadores de pobreza,
analfabetismo, mortalidad infantil y distribución del ingreso de toda el área,
donde la indigencia campea a lo largo y ancho de una nación paradójicamente
rica en virtud de tener una de las reservas mas grandes de petróleo del
planeta.
El
presidente Vázquez lo aplaude y abraza. Paga con la incorporación de Venezuela
al MERCOSUR, y cobra los cuarenta millones para refaccionar el Clínicas y la
UTE, plantar caña de azúcar, y algunos pesos para que Marina Arismendi siga
repartiendo entre los más pobres.
Todo
este episodio da tristeza.
Es
que si bien es cierto que tenemos que estar abiertos a la inversión, venga de
donde venga, no puede estar esta
condicionada a que se acompañe un emprendimiento tan ambicioso como
confuso como el que propone Chavez.
Todo
el proyecto Vene –Uruguayo proyecta sombras que nos llaman a la duda.
La
refinería de La Teja se supone va a ser transformada para procesar
petróleos pesados, lo que nos va a
dejar con la exclusiva posibilidad de comprarle a la empresa venezolana, lo que
no asoma como estratégicamente aceptable.
Hay
que tener cuidado con el manejo de las conveniencias y las dignidades
nacionales, las que cada una en su medida se ven amenazadas ante la aparatosa
visita de este verborragico y
desprestigiante visitante que entre otras cosas ha anunciado su vocación de
incursionar en el desarrollo de la tecnología nuclear.
Todo
esto es peligroso, incierto, riesgoso, pero, además, triste