Nobleza obliga
Días
pasados asistimos en la Cámara de Representantes a un hecho poco común: la
renuncia de un Representante Nacional por razones de principios.
En
nuestra vida política solo habíamos presenciado un hecho así en la renuncia del
Senador Manuel Singlet; en este caso fue el Señor Diputado Guillermo Chifflet,
integrante del Partido Socialista y el Frente Amplio.
Desde
que este nuevo Poder Ejecutivo asumió la conducción de los destinos nacionales,
no ha hecho otra cosa que contravenir gran parte de sus dichos y postulados de
cuando eran oposición y de sus arengas electorales.
Desde
los conceptos menores como ser no a los ajustes fiscales y hoy reforma
tributaria mediante lo realizan ó su primo hermano de no al I.R.P., que
también oculto en esa reforma tributaria nos ponen un impuesto a los ingresos
más conocido como impuesto a los sueldos.
Pero
esos son aspectos de orden políticos sujetos a los abatares de la dialéctica,
no así otros como el relacionamiento con los organismos de crédito internacional, ó las operaciones UNITAS y el envió de
tropas a los cuerpos de paz de la ONU, a los que tildaban de actividades pro
imperialistas, de los cuales el conglomerado de izquierda hizo siempre cuestión
y enarboló como banderas inalienables de sus postulados políticos.
Hoy
parece que esos principios ya no son tan fundamentales, al punto que el Poder
Ejecutivo obliga a los legisladores oficialistas a variar sus posiciones y
violentar sus convicciones..
Muchos
diputados y senadores en primera instancia renunciaron a sus posturas haciendo
unos malabares argumentos dignos de mejor causa; pero primero fue un tema y luego otro y otro y otro más, lo que los
hacían desdecirse de sus posturas históricas, al punto de que muchos entraron a
cuestionar hasta donde esto era admisible y se tuvo que recurrir al argumento
de la declaración de asunto político de estos temas dentro del Frente, para reencauzar a los díscolos o coherentes,
según se mire.
Pero
todo tiene un límite y el diputado
Chifflet llegó al mismo que su conciencia le permitía, negándose a votar el envío de tropas uruguayas a Haití, como
había hecho en todas las otras oportunidades anteriores y la declaración de
asunto político que pretendió compelirlo, generó que renunciara a su banca para
no traicionar sus principios ni su disciplina partidaria. Sus compañeros de
bancada quedaron de una sola pieza y sin capacidad de respuesta, por que en
realidad no había tal, solo bajar la cabeza y encajar el golpe.
Esta
actitud principista dejó expuesto crudamente a la opinión pública la falsedad
entre los dichos y los hechos en el Frente Amplio y su vergonzoso engaño
electoral a quienes lo votaron en el convencimiento de que realizarían sus
dichos, pero resultó que ponían el señalero a la izquierda y doblaron a la
derecha, atropellando de esta forma la buena fe de sus votantes.
Parafraseando
un adagio conocido diríamos: un ejemplo (en vez de una imagen) dice más que
mil palabras.y realmente la decisión del Diputado Chifflet se ajusta
perfectamente a ese dicho popular, los dejó en off side.
Actitudes
como esta son las que enaltecen al sistema político y las otras, de engaño e hipocresía, las que atentan
contra el mismo.
Barrios
Amorín, la cumbre moral de la república como reza su epitafio, decía que en
política se puede tranzar pero no al punto de no reconocerse a uno mismo,
seguramente sus concepciones ideológicas no coincidieron con las del Partido
Socialista de su época, pero hoy estaría conteste con la conducta de uno de sus
militantes y seguramente le diría: Señor Guillermo Chifflet, nobleza obliga, lo
saludo como a un oriental de ley.