Sin hoja de ruta

 

Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, y en particular desde su titular Reinaldo Gargano, las señales que se están dando en política internacional son preocupantes. La primera es la de que los nuevos jerarcas de esa Secretaría de Estado, nunca leyeron al Sr. Henry Kissinger, que seguramente no es del agrado de Ministro y que dejó un pensamiento que es la piedra fundamental del accionar de cualquier cancillería en el mundo y dice algo así como: en política internacional no existen los amigos existen los intereses.

 

Esto debiera estar en la tapa del libro, pero al Sr. Canciller (que dada su poca especialización el tema se le puede disculpar) y a todos esos asesores que deben de haber ingresado con la creación de cargos de particular confianza que creó en su cartera, parece habérseles escapado. El ejemplo del Presidente Argentino es palpable: abrazos, besos, brindis y demás, pero cuando se planteó el tema de las papeleras parece que la cosa cambió, lo que no cambió fue la ingenuidad (por emplear un eufemismo) de nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, que siguió disculpando a Kirchner por sus destempladas actitudes, en lugar de ponerse firme y defender los intereses nacionales.

 

Pero desgraciadamente esto es un tema menor frente a la falta de visión estratégica y de geopolítica  del mundo actual.

 

Es indudable que la Europa Comunitaria tiene sus ojos, sus intereses y sus inversiones puestas en la Europa del Este y en los nuevos socios de la Unión Europea, por lo cual el resto del mundo pasa a un segundo plano en sus intereses internacionales.

 

Por otra parte EE.UU. , conocedor de esa situación, busca actuar en otros escenarios más proclives a sus intereses, en los que no debería de competir con los europeos con un gasto inútil de esfuerzos y recursos, dado que  los del Viejo Continente tienen ventajas comparativas como proximidad, afinidades históricas y culturales, ese otro  escenario es América.

 

El gigante del norte comenzó realizando alianzas estratégicas con Canadá y México y hoy plantea extenderla a todo el continente con el ALCA como marco institucional de esas relaciones.

 

El Uruguay , país pequeño si lo hay en el mundo, debería darse cuenta que esta asociación es una oportunidad comercial importante para el bienestar de los uruguayos, nos brindaría un mercado de gran poder adquisitivo para vender nuestra  producción, con lo que esto trae aparejado en creación de fuentes de trabajo e ingresos, pero parece que al Gobierno Progresista ó no le queda claro este sencillo razonamiento que cualquier ciudadano medianamente informado puede hacer ó simplemente no le interesa verlo, fundado en defensa de posturas ideológicas perimidas, cuyo abanderado nostálgico de la guerra fría parece ser el Ministro Gargano.

 

Se opusieron a la firma del tratado de inversiones con EE.UU. durante meses, sin darse cuenta que los beneficiados éramos nosotros, que para Norteamérica no existimos, no somos ni tan siquiera un barrio de Chicago, pero finalmente luego de idas y venidas lo votaron con modificaciones insustanciales, pero como para tranquilizar su conciencia dogmática y justificar la situación frente a la opinión pública.

 

Hoy EE.UU. nos compra casi 1.000 millones de dólares en carne, pero el gobierno se encarga de coquetear con Chávez, de apoyar al Dictador de Cuba, que son sus enemigos declarados, de ir para atrás y para adelante en sus relaciones con nuestro principal cliente y potencial mejor socio comercial a mediano y largo plazo.

 

Parece de no creer pero es cierto, ¿qué se busca con esto?, solo Gargano y el resto de la gerontocracia del gabinete podrían dar una respuesta, pero seguro ni ellos la tienen, son solo reflejos de hábitos adquiridos durante años desde la oposición irresponsable y hoy tienen al País a la deriva en el concierto de las naciones.

 

Amén de que nuestro Uruguay, que siempre se jactó de tener actitudes en política internacional mesuradas e inteligentes (cosa que hoy no pasa), pone en riesgo, no ya el futuro de las exportaciones nacionales, sino las perspectivas de las mismas, que indudablemente son buenas si hacemos bien las cosas.

 

Tenemos las condiciones como estado para no mirar con envidia a Chile, que en los últimos años aprovechó las oportunidades,, camino por el que venía Uruguay y que hoy están tirando por la borda las autoridades progresistas.

 

Están faltos de una hoja de ruta y sin ella es muy probable que se les presente de improvisto alguna curva y vuelquen, el problema que en este vehículo llamado Uruguay vamos también todos nosotros.

 

Agustin Cobas