LO QUE LOS ECONOMISTAS OLVIDAN

He aquí una idea para acelerar el crecimiento económico de América Latina, reducir la pobreza, y hacer mas feliz a todos: destinemos parte de la ayuda externa a la región para combatir el crimen común.

No estoy bromeando. Mientras las instituciones financieras internacionales siguen obsesionadas con las exportaciones, la inflación y otros indicadores económicos tradicionales, una buena parte del motivo de la caída de las inversiones internacionales, la actividad económica local y el turismo se debe a la ola de crímenes violentos que esta sacudiendo a la región.

America Latina es la región más violenta del mundo, según la Organizacion Mundial de la Salud. Hay 27.5 homicidios por 100,000 habitantes en América Latina, comparados con 22 en Africa, 15 en Europa del Este, y uno en los países más ricos de Europa, dice la OMS.

En la última década, la tasa de homicidios se disparó un 380 por ciento en Perú, un 330 por ciento en Colombia, y 300 por ciento en Argentina.

Y eso sin contar la ola de secuestros de empresarios y familiares de estrellas de fútbol o astros de la televisión, y ciudadanos comunes que se ha convertido en una industria floreciente en muchos países de la región.Colombia encabeza el ránking mundial de secuestros, con unos 3,000 casos reportados por año. En México, los 360 secuestros reportados por año son un porcentaje pequeño del número mucho mayor de casos que no se denuncian por falta de confianza en fuerzas policiales plagadas de corrupción.

En Argentina, un país que hasta hace poco se ufanaba de ser uno de los más seguros del mundo, el tema del día en las últimas semanas ha sido el secuestro por 43 días de un joven de 22 años. Los secuestradores le cortaron un dedo, y lo liberaron después que los familiares pagaron $35 mil.

¿?Que tiene que ver todo esto con la economía latinoamericana?

Mucho. Un reciente estudio titulado "Crimen, Democracia y Desarrollo en América Latina", publicado por el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington D.C. (CSIS), explora varias de las formas en que la ola de crímenes violentos está afectando el desarrollo económico de la región.

Los secuestros y otras formas de crimen violento no sólo estan frenando las inversiones extranjeras y el turismo, sino que le cuestan a los paises miles de millones de dólares en fuga de capitales, gastos hospitalarios adicionales, menor productividad laboral, altos costos de seguros, y enormes gastos de protección personal.

El sector privado en Brasil gasta unos $20 mil millones por año en seguros contra robo y salud de sus empleados, además de otros $3 mil millones en guardias de seguridad, automóviles blindados, y alarmas electrónicas, según ha reportado el periódico brasileño Gazeta Mercantil.

En Sao Paulo, las empresas emplean unos 400,000 guardias de seguridad privados, unas tres veces el número de la fuerza policial estatal. Todo esto es dinero que podría ser usado para nuevas inversiones, entrenamiento laboral u otros menesteres productivos.

El Banco Mundial estimó en 1998 que el ingreso per cápita de América Latina podría ser un 25 por ciento más alto si las tasas de criminalidad de la región fueran similares a las del promedio del resto del mundo. Y el Banco Interamericano de Desarrollo había estimado en 1997 que el crimen violento le cuesta a la región un 14 por ciento de su producto bruto anual.

Sin embargo, desde que ambas instituciones publicaron éstos estudios hace casi cinco años, se olvidaron del tema, mientras que la tasa de criminalidad en la región se disparó como nunca antes.

¿Qué habría que hacer? En primer lugar, convertir el combate a la criminalidad en una prioridad económica, cosa que hoy no lo es. Es hora de incluir las estadísticas de criminalidad entre los indicadores económicos, junto con la inflación y las tasas de desempleo. "Está claro que la comunidad de donantes internacionales tiene que poner la estrategias contra el crimen en el centro de la escena", dice William C. Prillaman, el autor del estudio del CSIS. "De los 4 mil 400 millones en asistencia para el desarrollo que destina el Banco Mundial a América Latina y el Caribe, menos del 1 por ciento va para programas de mejoramiento de la justicia".

Una vez convertido en prioridad el tema, agregaría yo, los organismos de crédito como el Fondo Monetario Internacional deberían condicionar sus préstamos futuros a esfuerzos efectivos para reducir la criminalidad en aquellos países donde falta la voluntad política de los Gobiernos para arremeter contra fuerzas policiales corruptas. Los economistas tradicionales dirán que todo esto es absurdo.

Sin embargo, el sentido común me dice que aunque los países latinoamericanos sigan al pie de la letra todas las recomendaciones de estos economistas, poca gente va a invertir, mantener sus ahorros, o visitar países donde uno tiene un alto riesgo de ser secuestrado o matado en un asalto callejero.

Andres Oppenheimer