Desde
el mismo momento en que se instaló la actual administración, señalamos que la
primera prioridad del gobierno nacional debía ser la de tener una seria y clara
política exterior orientada a los mercados extra regionales observando una conducta
de buena vecindad con la región.
Así,
señalamos como el primer error de Vázquez, el haber dado como primer paso una señal de acercamiento a Cuba
(con quien se reanudaron relaciones diplomáticas el mismo primero de marzo) y a
Venezuela, con todos los riesgos que ello implicaba.
Uruguay
necesita exportar bienes y servicios .Nuestro país tiene algunas ventajas
comparativas con nuestros vecinos y el resto del mundo, especialmente en lo que
concierne a los recursos humanos. Tenemos
la oportunidad de vender calidad, y ésta, especialmente es demandada por
los mercados más ricos y a la vez exigentes.
Tenemos que mirar al primer mundo, vender en Estados Unidos y en Europa lo más posible. Son esos los mercados de mayor volumen y que pagan mejores precios. Cualquier otro ensayo no pasa del plano teórico-emocional que poco aporta a resolver nuestras dificultades de ingreso, ahorro y distribución.
En
este escenario, es bueno que el Presidente Vázquez vaya y se acerque a los
países desarrollados. Aunque no le guste a los dogmáticos que lo acompañan.
Se
da además, una situación emergente que no estaba en los planes de nadie.
El
mal manejado tema de las papeleras está ayudando a reorientar a nuestro
errático gobierno hacia donde debe ir.
Sería
bárbaro que Vázquez a la vuelta de su gira Europea pasara unos días por Chile,
para que le expliquen como es que un país puede multiplicar por diez sus
exportaciones y su ingreso de divisas en un tiempo prudencial.
Ojalá
se pueda concretar un acuerdo comercial con la administración Bush, lo que nos
pondría en ruta hacia una sociedad productiva, con más recursos y con menos
dificultades .En definitiva estaríamos enfocando hacia un horizonte de
prosperidad con el que muchos soñamos y al que parecería que se resisten obstinadamente
quienes no consiguen romper con su constreñimiento mental a recetas tan
perimidas como ineficaces.
Alvaro
Alonso