MARX... ¿DÓNDE ESTAS QUE NO TE PUEDO ENCONTRAR?
Desde
que la izquierda existe en nuestro país como opción política con verdaderas y
reales posibilidades de acceder al gobierno, algunos sectores de la
derecha han optado, en tiempos
electorales, por resucitar el fantasma de la amenaza comunista y de todos los
males que esto conlleva. Basta recordar el debate televisivo en los últimos
días de la campaña electoral del año 1994 entre Julio María Sanguinetti y Tabaré Vázquez, en donde el primero
tildó de marxista al segundo. En la opinión de muchos analistas políticos esto
inclinó la balanza de la porción de indecisos que restaban, dándole el triunfo
en los mencionados comicios al Partido Colorado por un exiguo margen de apenas
diez mil votos frente al Partido Nacional.
Lo
reseñado es, evidentemente, una falacia. ¿Puede afirmarse con propiedad que el
Dr. Vázquez es marxista? ¿Es posible enmarcar en algún casillero ideológico a
alguien que ha hecho de la demagogia y la carencia de ideas un arte
difícilmente perfectible por terceros? Estas preguntas resultan de contestación
negativa para quien escribe.
Realizando
un análisis de las conductas de Vázquez al frente de su partido político solo
puede decirse con certeza que la ideología que ostenta es la de la ambición por
acceder al poder sin medir costos políticos ni pensar por un solo minuto en el
día después. Si “trancar” políticamente a la gestión de Arana o imponer
“democráticamente” la disciplina partidaria a sus legisladores le da una tregua
con los radicales, asegurando una mayor paz interna, así se hará. Si oponerse
sistemáticamente a cualquier iniciativa proveniente de los partidos
tradicionales u obstaculizar las negociaciones del gobierno con los organismos
tradicionales trae algún rédito político, así se hará. Si incorporar a algún
colaborador con discutible pasado político
para tratar de asegurar el acceso a alguna intendencia en los próximos
comicios, así se hará. Si prometer lo que no se va a poder cumplir “rinde”, así
se hará.
El
Encuentro Progresista-Frente Amplio ha ido ganando el favor electoral de los
uruguayos y ese es un hecho irrefutable. Pero frente a este fenómeno hubiera
sido deseable encontrar una actitud de mayor responsabilidad hacia las
cuestiones del país. Sin embargo, los uruguayos solo han recibido falta de
compromiso e irresponsabilidad, signadas por el más frío pragmatismo. El mismo
que parece impedir el pensar a la izquierda en el día después, que esperemos
nunca llegue, cuando los habitantes de este país comiencen a hacer exigibles
los vales extendidos con las promesas realizadas.
Lo que para muchos
compatriotas ha sido siempre una alternativa distinta y generadora de
esperanza, hoy aparece como un bazar de demagogia cuyo propietario no escatima
medios para su ampliación. ¿Y Marx? Bien, gracias.
Alfredo Susena