En
los últimos días se conocieron cifras y estudios que confirman el ansiado
cambio de tendencias que los uruguayos todos estamos esperando.
De
la mejora en el comportamiento de los indicadores se desprende que, desde el
punto de vista económico, el peor momento ya pasó.
Al
mejorar la actividad, mejora la recaudación, se genera un clima más favorable,
y es entonces que podemos respirar con un horizonte de moderado optimismo.
La
región esta ayudando, y por distintos factores, el comportamiento de los
mercados regionales y ultramarinos permite reconocer que efectivamente estamos
de cara a una reactivación que lamentablemente, demoró mucho en llegar.
Frente
a este panorama, es nuestra obligación asumir, como actores políticos que la
valoración de la información de la que se está dando cuenta por todos los
medios, sea ponderada adecuadamente, para no cometer errores que puedan
resultar fatales.
En
primer lugar, el hecho de que estemos frente a una situación de reactivación no
necesariamente nos sitúa en un escenario de crecimiento.
En
segundo termino, debemos ser conscientes de cual es el nuevo punto de partida
desde el que pretendemos volver a la
senda del crecimiento.
La
ponderación y la cautela deberán ser nuestros compañeros de viaje para que,
aprendiendo de nuestros errores, no nos embarquemos en emprendimientos que no podamos
cumplir, manteniendo niveles de tolerancia y convivencia que nos ayuden no solo
a avanzar sobre nuestras dificultades económicas y sociales sino, también en
las que integran nuestra cultura cívica y política.
Tendremos
que procurar identificar desde los escenarios políticos, donde es que se sitúan
nuestras nuevas urgencias. Las verdaderas necesidades impostergables, las que
lamentablemente desde el plano de la justicia social son muchas.
Vamos
a tener que hacer un esfuerzo para no caer en los lugares comunes de la
multiplicidad de aplicación de los recursos que son hoy más limitados que
nunca, y en algunos casos prácticamente
inexistentes.
Apelando
a una ajustada composición de lugar, tenemos que asumir, que la reactivación,
apenas se insinúa, y que si somos especialmente prolijos en la administración
de la cosa pública, el crecimiento recién ahora se puede plantear como un
objetivo alcanzable.
No
es hora de festejar. Son tiempos para trabajar, para crecer y desarrollarnos,
comprometidos con la solidaridad y la justicia, sobre bases sostenibles y
sustentables, sin espacio para los voluntarismos vacíos a los que
lamentablemente siempre estaremos expuestos.
Alvaro Alonso