HECTOR MARTIN STURLA

 

 

El próximo 13 de junio Martín estaría cumpliendo 50 años. Con este motivo la Bancada de Ediles del Partido Nacional le tributarán homenaje con la inauguración de la plaza Héctor Martín Sturla el próximo viernes 13 de Junio a las 11 horas en la intersección del Bulevar Artigas con las Avenidas Brasil y Ponce.

 

Por este motivo entendemos pertinente transcribir las palabras pronunciadas por nuestro compañero edil Martín Fernández en la sesión del 26 de abril de 2001 al cumplirse 10 años de su fallecimiento.

 

3º - EXPOSICION VERBAL DE 20 MINUTOS DEL SEÑOR EDIL MARTIN FERNANDEZ, PARA REFERIRSE A LA FIGURA DE HECTOR MARTIN STURLA, AL CONMEMORARSE 10 AÑOS DE SU DESAPARICION FISICA.

( EXP. 2001-0649.

 

 

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor edil Martín Fernández.

 

SEÑOR M. FERNÁNDEZ.- Muchísimas gracias, señor presidente.

 

     Quisiera agradecer al Cuerpo por acceder a la solicitud planteada la semana anterior para hacer uso de la palabra al conmemorarse diez años de la desaparición física de Héctor Martín Sturla. Quería, además, agradecer especialmente la presencia de la familia de Martín, que nos acompaña en el día de hoy.

 

     Quizá muchos se preguntarán por qué alguien que no lo conoció o que no militó con él personalmente, sino que lo conoció simplemente en algún acto del Partido pero en forma muy fugaz, hoy plantee recordar su figura a diez años de su fallecimiento. Muchas veces el contacto físico no necesariamente puede generar algún tipo de relacionamiento; lo puede generar otro tipo de contacto y otro tipo de desafíos que se plantean a las personas. En el caso de Martín lo sentimos mucho, y mucho sentimos dentro del Partido Nacional la impronta de quien fuera diputado desde 1985 a 1990 y luego, en su segunda legislatura, presidiendo la Cámara de Representantes desde 1990 a 1991.

 

     El 22 de abril de 1991, el día de su muerte, tenía solo 37 años, y uno y el Partido entero imaginábamos a Héctor Martín Sturla como una de sus principales figuras, uno de sus principales referentes.

 

     Por los acontecimientos que vivió nuestro país durante la dictadura le cupo una participación muy fugaz cuando la reinserción democrática, y luego la muerte le truncó su carrera cuando llevaba solamente seis años en la Cámara de Representantes, cortos pero muy profusos. Militó en el Movimiento Universitario Nacionalista cuando era estudiante de Derecho. Luego, en el 84, ocupó el segundo lugar en la lista 904, por la cual fue electo diputado. Posteriormente fundó la lista 31, y a todos quienes estamos dentro del Partido Nacional, y quizás a muchos que no están hoy, les consta cómo ha revolucionado la forma de trabajar del Partido en Montevideo, llevándolo a obtener cuarenta mil votos, siendo una agrupación con tan solo tres años. Incluso, en ese momento fue la lista más votada en Montevideo.

 

     Como diputado fue coautor de la Ley de sociedades comerciales, que revolucionó una ley prácticamente agotada en su contenido y que era absolutamente necesaria. En ese momento todos destacaban la faceta técnica y de profundo análisis que tenía Héctor Martín Sturla sobre cada uno de los temas que emprendía. Luego lo vimos en una veta netamente política cuando fue co‑redactor de la Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, esa que cuando yo tenía doce años bajo ningún concepto podía entender. Con la perspectiva de los años entendimos que aquellos que veían más allá del futuro cercano buscaban en el horizonte del país una verdadera reconciliación entre los uruguayos, más allá de los sentimientos de algunos. Y por suerte fue así. Intervino en la creación del MEVIR urbano. Y, como decía, fue presidente de la Cámara de Representantes durante el año 1990, en el primer año del gobierno nacionalista.

 

     Era ante todo un pasional de la actividad política. Disfrutaba muchísimo de lo que hacía y se le notaba. No se podía tener la actividad que tenía Martín, sus recorridas y su contacto con la gente si no se sentía la pasión y el fervor que él sentía cuando encaraba cada una de sus actividades. Era inteligente y sumamente hábil en el debate, de una personalidad avasalladora. Pero esto no obstaba para que fuera absolutamente respetuoso de la polémica y del adversario con el que debatía. Eso le valió, entre otras cosas, el reconocimiento que tiene no sólo dentro de nuestro Partido sino de sus adversarios circunstanciales.

 

     Fue una persona absolutamente comprometida con la actividad política. Hoy en día la imagen que se tiene de esa actividad no es la mejor y escuchamos, día tras día, comentarios que nos duelen a todos aquellos que hacemos esto realmente con el corazón. Martín era un convencido de esta actividad y la realizaba por el bien de cada uno de los montevideanos, de los que se sentía sumamente cercano porque así era su forma de desarrollar la actividad política.

 

     Tenía una capacidad de trabajo envidiable. Algo que a mí con 27 años me cuesta, él lo hacía con la voluntad de un pibe de 15. Nunca tomaba decisiones sin consultarlas con un sinnúmero de gente, y gustaba de ir a tomarse un mate con algún compañero en algún barrio de Montevideo, aunque fuera de improviso, para charlar sobre la actividad política. Estas son esas pequeñas cosas que tenemos que tratar de rescatar.

 

     Fue una pérdida muy grande para nuestro Partido, así lo sentimos. Para nosotros, en un momento muy difícil, cuando después de mucho tiempo en el llano nos tocaba gobernar, era imprescindible contar con Martín. Desde el Parlamento fue una de las primeras espadas que tuvo el gobierno nacionalista, defendiendo a ultranza sus convicciones. Cuando parecía que las cosas se complicaban aún más, salía desde Martín una fuerza impresionante que permitía que el Partido Nacional buscara y cosechara los acuerdos necesarios para llevar adelante un año muy difícil de gobierno como fue el año 1990.

     Fue una de esas figuras que nos dejó muy joven, nuestro Partido, lamentablemente, en los últimos años ha tenido que despedir a algunos más, y permítanme recordar la figura de Álvaro Carbone, quien quizá fue responsable de que hoy esté actuando en la actividad política; compañero de él en la lista 31, compañero de la actividad política de él en todo momento, y quien también nos dejó cuando todavía tenía mucho para dar, no sólo al Partido sino a todo el país.

 

     Martín, como así también Álvaro y muchos más, son figuras que nacieron para destacarse ‑igual que otros en otra actividad‑, y lo demostró con tan solo siete años de actividad política permanente y pública, y por eso hoy, diez años después, estamos aquí rindiéndole un homenaje en forma realmente muy sentida. Es de esas personas que la sociedad precisa para que en los ámbitos en los que se desenvuelven lo hagan con la mayor de las fuerzas, transparencia y honestidad.

 

     Cuando uno deja en los demás, tras recorrer el largo camino de la vida, un halo de respeto, de admiración, creo que debe sentirse más que satisfecho. Muchas veces, cuando uno piensa qué puede dejar a los demás en cada una de las actividades que desarrolla, pensamos en ser recordados y en que aprendan y respeten cada una de las decisiones que uno toma. En esto Martín debe tener la más absoluta seguridad de que dentro del Partido hemos aprendido muchísimo de él, más allá de que ‑reitero‑ lo vi en algún acto o en la puerta del San Juan Bautista cuando iba a buscar a alguno de sus hijos y yo salía del liceo, o más de una vez en la Olímpica gritando por Peñarol. Esas son las referencias personales más directas, no así las referencias políticas, que son muchísimas. Para finalizar, quería decir que quizá el hecho de haber solicitado al Cuerpo la realización de un homenaje a la figura de Martín, es un poco el lamento de no haber podido compartir con él esta actividad, este trabajo que sentía muchísimo y que era su pasión. Y permítanme citar a Wilson, que en su editorial de "La Democracia" del 22 de marzo de 1987, cuando recordaba al Toba y a Zelmar, decía las siguientes palabras, que creo se adecuan perfectamente a la figura de Martín: "...Había otra cosa más que dominaba toda otra referencia, que era la forma impresionante y misteriosa en que llegaba a todos su autenticidad. Esto sí es imposible de describir y sólo podrá ser entendido cabalmente por quienes ‑y son prácticamente la totalidad de los uruguayos de entonces‑ alguna vez quedaron atrapados en el mágico sortilegio: oyéndolos, se podía coincidir o discrepar, pero no podía dudarse, y no se dudaba, que oíamos a quienes creían firmemente, aun desesperadamente, en cada una de las cosas que nos decían. Era algo que venía del aval de la conducta, y de la palabra, la voz y el gesto. Pero también, seguramente, de la luz de los ojos".

 

     Gracias, señor presidente.

 

Martín Fernández