HAY QUE PONER EL ALCA EN PERSPECTIVA
El dato más interesante de la encuesta
dada a conocer esta semana en la Conferencia de la Américas de The Miami Herald
es que la gran mayoría de los formadores de opinión latinoamericanos cree que
un tratado de libre comercio hemisférico beneficiaría más a Estados Unidos que
a América Latina.
La encuesta, realizada por Zogby
Internacional y la Universidad de Miami, indica que el 51 por ciento de los
formadores de opinión en América Latina --que incluye a empresarios,
periodistas, académicos, y funcionarios gubernamentales-- creen que el proyecto
de crear un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) entre los 34 países
democráticos del hemisferio beneficia más que todo a Estados Unidos.
Por el otro lado, sólo 39 por ciento de
los encuestados dijo que el acuerdo de libre comercio hemisférico beneficiaría
por igual a Estados Unidos y a América Latina, y sólo un ocho por ciento señaló
que beneficiaría sobre todo a América Latina.
''La gran mayoría de gobernantes,
académicos, y periodistas comparten la idea de que Estados Unidos sería el más
beneficiado por un acuerdo de libre comercio'', dice el estudio de Zogby. ``La
mitad de los empresarios prevén iguales beneficios para ambas partes''.
Esta encuesta debería ser causa de alarma
en los palacios presidenciales de toda la región.
Las cifras sugieren que las fuertes
denuncias realizadas por funcionarios latinoamericanos sobre puntos específicos
de las negociaciones --hechas en el fragor de las negociaciones comerciales con
Washington-- podrían crear un ''efecto boomerang'': si se llega a un
acuerdo de libre comercio para la fecha prevista del 2005, el clima adverso
creado por estas denuncias podría imposibilitar que los respectivos congresos
de América Latina aprueben un tratado que beneficiaría a toda la región.
Obviamente, los negociadores comerciales
latinoamericanos están en su derecho y obligación de criticar ciertas políticas
de Estados Unidos. Brasil, Argentina, y otros países tienen toda la razón en
exigir que el gobierno de George W. Bush elimine sus escandalosos subsidios y
barreras agrícolas, a cambio de una mayor apertura de los mercados
latinoamericanos a productos norteamericanos.
Los subsidios agrícolas estadounidenses
son injustos para los agroexportadores de América Latina y contradicen las
aspiraciones de Washington de ser reconocido como el campeón mundial del libre
comercio.
Sin embargo, tal como están las cosas
ahora, muchos gobiernos latinoamericanos están permitiendo que sus críticas a
algunos puntos específicos de la política comercial estadounidense eclipse una
visión más panorámica del tema, que demuestra a las claras que los países que
han entrado en este tipo de acuerdos --como Chile, México o Irlanda-- han
duplicado o triplicado sus exportaciones en pocos años.
El caso más obvio de un país que puede
terminar siendo víctima de su propia retórica es Brasil, donde el presidente,
Luiz Inácio Lula da Silva, solía hasta hace poco describir el proyecto del ALCA
como un plan de ''anexión económica'' de América Latina a Estados Unidos.
Según la encuesta Zogby, un 76 por ciento
de los líderes de opinión brasileños piensa que el tratado de libre comercio
hemisférico beneficiaría más a Estados Unidos que a América Latina, mientras
que sólo un 18 por ciento piensa que beneficiaría de igual manera a ambas
partes, y sólo un tres por ciento cree que beneficiaría más a América Latina.
Lo cierto es que las pocas experiencias
que ha tenido América Latina con el comercio libre demuestran todo lo
contrario.
México, que ha mantenido un acuerdo de
libre comercio con Estados Unidos desde 1994, tenía al comienzo del tratado un
déficit comercial de $2.4 billones con Estados Unidos. Pero ocho años más
tarde, en el 2002, esta cifra se convirtió en un impresionante superávit de
$36.5 billones, según cifras de su Secretaria de Economía.
Sin embargo, el gobierno mexicano no le da
mucha publicidad a estas cifras, que son públicas y oficiales, porque teme
crear una mayor oposición al tratado de libre comercio en Estados Unidos, donde
los críticos señalan que se han perdido tres millones de empleos en los últimos
tres años.
Aunque sólo un pequeño porcentaje de estos
empleos se perdió por el libre comercio con México, el gobierno de ese país
teme represalias contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC)
si se publicita demasiado la noticia de su superávit.
De manera que uno abre cualquier periódico
mexicano y son muchas las noticias sobre el daño causado a muchas industrias
locales --especialmente la agrícola-- por el libre comercio, pero pocos hablan
de que el TLC ha permitido a México triplicar sus exportaciones a Estados
Unidos, y reducir los costos a los consumidores mexicanos gracias a una mayor
competencia comercial.
Bien harían los líderes latinoamericanos
en poner sus a menudo justificadas críticas en perspectiva. En caso contrario,
se alimentará el sentimiento anti libre comercio, y los que más perderán son
los países de la región.
Andres
Oppenheimer