PAPELON ABSURDO

 

La Asamblea General resolvió levantar el veto interpuesto por el Poder Ejecutivo sobre el proyecto de ley que excluye la posibilidad de instalar cajeros automáticos en el Banco de Previsión Social.

 

El máximo órgano de representación política que nuestra democracia tiene, casi no es utilizado para ningún tipo de debate, quedando para el cumplimiento de algunos cometidos específicos como tarea casi exclusiva, además de las ceremoniales.

 

Para que al lector le quede claro: por medio de una ley, se prohíbe la instalación de terminales de caja del tipo automatizado como las que son usadas con gran éxito por todo el sistema bancario para todo tipo de operación.

 

Nosotros votamos, casi en solitario en contra de  este verdadero absurdo, con la única compañía en nuestro Partido Nacional del diputado por el departamento de Flores, el Esc. Ricardo Berois.

 

Son este tipo de episodios los que, lejos de desalentarnos, nos estimulan para redoblar nuestro compromiso con la causa política.

 

De nada vale el quejarse del desprestigio del Parlamento y los políticos, si después al más mínimo atisbo de duda respecto del rédito electoral de una posición política, se asume el “ todo vale”, en especial cuando las barras están llenas.

 

Entiendo lógico que haya diputados, senadores y hasta partidos que se sientan inclinados a impedir la incorporación de tecnología o modernismo en el desempeño de nuestro elefantiásico Estado, pero me niego a que ese rol  lo asuma mi partido.

 

Este papelón del que damos cuenta, no solo parece propio del Macondo de García Márquez, sino que además, ni siquiera tuvo  un final feliz, por lo menos para aquellos que pretendieron  posicionarse, (espantosa palabra del nuevo léxico político), con los jubilados, porque al finalizar la reunión de la Asamblea  General, se oyó bien claro y fuerte el grito de “Tabaré Presidente “ el que calurosamente fue aplaudido por todos los visitantes que colmaban las instalaciones del Parlamento.

 

La demagogia ganó por goleada, pero el partido, sigue.

 

Alvaro Alonso